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¿Asesinatos o femicidios?
14 agosto, 2015
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El debate sobre las consecuencias del #NiUnaMenos y la violencia de género no se agota. A partir de una nota original de Gonzalo Garcés en el diario La Nación, el 2 de agosto, en la que criticaba a lo que él llamaba “feminismo radical” y la posición que éste habría asumido frente a la marcha, Sandra Chaher recogió el guante y respondió con una columna en este sitio. Ahora Garcés, a su vez, responde.

Por Gonzalo Garcés

COMUNICAR IGUALDAD- Quiero agradecer a Sandra Chaher por darme la posibilidad de un espacio de réplica a su nota Garcés o el temor a perder privilegios. La paladina costumbre de conceder este tipo de espacios parece haberse perdido en los medios argentinos. Razón de más para valorar la actitud de Sandra y del portal Comunicar Igualdad.

En un punto Chaher y yo estamos de acuerdo: el #NiUnaMenos no fue un reclamo contra el patriarcado. Después de la marcha algunos difundieron fotos de manifestantes con la cara tapada y pechos desnudos sobre los que habían escrito: Si nos organizamos, los matamos a todos. Sugerir que fueron representativas de la marcha es burdo. Toda movilización tiene sus psicópatas. Pero los que estuvieron ahí pueden confirmarlo: lo que más se vio esa tarde fueron mujeres y hombres con las señas de identidad de la clase media y con un reclamo inobjetable: que se aplique la ley, que las mujeres en situación de riesgo sean protegidas. Si la marcha convocó a tantos, fue porque el reclamo interpelaba también a quienes no se consideran feministas e incluso, como fue mi caso, a quienes son abiertamente críticos del feminismo.

La discusión empieza cuando nos preguntamos si la violencia contra mujeres es de una clase diferente, movida por la “ideología patriarcal”, y si por lo tanto debe combatirse con medios diferentes. Mi posición —y acá de nuevo coincido parcialmente con Chaher— es que para frenar la violencia en el ámbito de la intimidad hacen falta medios acordes. Un ejemplo sería la monitorización adecuada de las órdenes de alejamiento. En cambio, pienso que atribuir a ese tipo de violencia un móvil ideológico, y achacar además esa ideología a la sociedad entera (“Un femicida es un hijo sano del patriarcado”) es grotesco. Eugenio Zaffaroni, a quien pocos acusarán de retrógrado, considera que la Ley de femicidios es un error jurídico, porque la figura tipificada, el “odio de género”, no existe. Se mata por celos patológicos, por delirio posesivo, por paranoia homicida y otros desórdenes, ninguno de las cuales es de tipo ideológico, y ninguno de los cuales es privativo del varón, aunque en éste suelan ser, por pura fuerza física, mucho más destructivos.

¿Cómo determinar, en cambio, que un crimen fue cometido “por odio de género”? Los defensores de la nueva ley repiten que no todo asesinato de una mujer es un femicidio. Pero ni los jueces ni los medios logran hacer esa distinción. Todas las condenas por “femicidio” hasta hoy se realizaron sobre la base del vínculo preexistente, algo ya contemplado en el viejo código penal, que agravaba las penas cuando se demostraba un lazo familiar o personal entre el asesino y la víctima. En cuanto a los diarios, el clamor popular ha vuelto periodísticamente obligatorio hablar de todo asesinato de una mujer como “femicidio”. Esto a veces lleva a extremos crueles de injusticia y de insensibilidad. Buen ejemplo es una nota titulada “La chica que predijo su final en una campaña contra los femicidios”. El título sólo menciona el “femicidio”; recién en la bajada se informa que la chica fue asesinada junto a su hermano. ¿Por qué la muerte de ella es noticia y la de él no? ¿Y cómo se justifica jurídicamente, éticamente, moralmente, hablar de “odio de género” cuando el criminal mató al mismo tiempo a una mujer y a un varón?

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En mi nota original señalé que hay un método para comprobar que la violencia contra mujeres no tiene móviles diferentes de la violencia en general: cuando la curva estadística del crimen sube, en el mismo sentido lo hace la de los crímenes contra mujeres, y lo mismo cuando baja. Si los móviles fueran diferentes, las dos curvas subirían o bajarían en forma independiente, cosa que no ocurre.

Chaher, citando un informe de la Geneva Declaration of Armed Violence and Development, afirma rotundamente que mi afirmación es falsa. Lo cual es curioso, porque ese informe, de hecho, avala mi hipótesis. Cito: “Los países con índices altos de homicidios también experimentan típicamente índices más altos de femicidio […] En países donde los homicidios son raros, la proporción de víctimas hombres/mujeres se acerca a 1:1. En el otro extremo del espectro, en países con altos índices de homicidios, los índices de femicidio son significativamente más bajos que los índices de homicidios con víctimas masculinas.” ¿Qué significa esto, sino justo lo que afirmo en mi nota: que la violencia contra mujeres aumenta cuando aumenta la violencia en general, y que la violencia extrema se ensaña con los hombres mucho más que con las mujeres?

Por si hace falta, agrego dos informes más, que conciernen las variaciones comparativas de otro crimen cuyas víctimas son, en su mayoría, mujeres: la violación. El primero fue emitido por el FBI. Compara las variaciones anuales de los diferentes tipos de crímen. Resulta que desde 1993 hasta 2012 siempre —con la única excepción parcial del año 2002— las violaciones aumentaron o disminuyeron en proporción con el crimen violento en general.

El segundo fue elaborado por la Facultad de Ciencias Sociales de México (FLACSO) y compara las tasas de mortalidad por homicidio para hombres y mujeres en Colombia y México entre los años 2000 y 2011. Una vez más, vemos que ambas curvas se mueven de modo consistentemente paralelo, aunque siempre con tasas de mortalidad mucho más altas para los hombres (se puede ver la misma en la imagen que ilustra la nota).

Termino con algunas preguntas: ¿por qué el feminismo reacciona con tanto furor cuando se afirma que la violencia contra mujeres es un crimen tan grave como la violencia contra hombres? ¿Por qué irrita, no que se niegue la urgencia de lidiar con la violencia, cosa que nadie hace, sino el elemental reclamo de equidad? ¿Por qué tanta indignación cuando se arriesga que la violencia contra mujeres, que debe combatirse por todos los medios, no tiene como causa una conspiración patriarcal y que asignarle leyes o terminología jurídica aparte es injusto? ¿Quién tiene, al final, miedo de perder privilegios?

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6 comments

  1. Me parece que la cuestión de la violencia en una sociedad debería estudiarse con mucha más profundidad antes de dar un diagnóstico como el que está proponiendo Gonzalo.

    La sola correlación (o falta de ella) entre la violencia hacia las mujeres y la violencia en general, no alcanza para determinar si existen distintos móviles, mucho menos para identificarlos y analizarlos.

    Además, se está omitiendo del debate a los autores de la violencia, en su enorme mayoría también hombres. ¿Qué lectura podemos hacer de eso? ¿Por qué no se lo menciona cuando hablamos de violencia en la sociedad?

    Tampoco alcanza con decir “no existen motivos ideológicos” para que éstos no existan: de hecho, los motivos ideológicos constan muchas veces no sólo por el testimonio de los femicidas, sino en las sentencias de los jueces que muchas veces los absuelven, e incluso les otorgan la custodia de sus hijas e hijos.

    Me parece también ideológico, y como mínimo imprudente, atribuir los asesinatos sin ningún tipo de prueba o sustento a “celos patológicos, delirio posesivo, paranoia homicida y otros desórdenes”. ¿A qué especialistas y escuelas de psicología y psiquiatría corresponde este diagnóstico?

    Por otra parte, aún si damos por válidos estos motivos, continúa en pie la pregunta de por qué los hombres asesinan por estos motivos muchísimo más que las mujeres. ¿Por qué, si ya determinamos que las causas son distintas, no continuamos con un análisis de esas causas y en lugar de eso se busca cerrar el debate? ¿Qué solución esperamos encontrar de esta manera?

    En respuesta a algunas de las preguntas del final:

    ¿Por qué tanta indignación cuando se arriesga que la violencia contra mujeres, que debe combatirse por todos los medios, no tiene como causa una conspiración patriarcal y que asignarle leyes o terminología jurídica aparte es injusto?

    Es difícil no pensar en una “conspiración patriarcal”, que puede existir o no, cuando los hombres representan en la región y en el mundo más del 75% de los puestos de decisión de los tres poderes del estado. Son quienes toman la mayoría de las decisiones que determinan la forma de vida de toda la población.

    No hace falta que sea una conspiración, alcanza con que sea una acción, y de hecho está sucediendo en este mismo instante.

    ¿Quién tiene, al final, miedo de perder privilegios?

    Con todo respeto, continúa siendo usted.

  2. Estuviste muy bien. Yo que lamentablemente conozco del tema. Te comento, que lo que le falta a la Justicia Argentina, no es leyes contra el “femicidio ” como vos decís es un ERROR. ( también estudié derecho y Socio). LE HACE FALTA UNA LEY CONTRA EL ACOSO, QUE SE CUMPLA Y ORDENES DE RESTRICCIONES, QUE SE CUMPLAN Y SE EJECUTEN RÁPIDO. ( ACOSO CONTRA CUALQUIERA HOMBRE O MUJER) Y desde mi humilde y acotado punto de vista y a vuelo de pájaro. A mi lo que me parece, es que la clase media Argentina, esta “arengada” que los medios de comunicación, usan cualquier PAVADA, para hacer campaña y generar disconformidad con el Gobierno. Porque quieren presionar. Hoy llamale Femicidio, Mañana Nisman, etc. Son todas campañas, largadas desde algún medio de comunicación. Para crear Conflicto Social. Es el truco más viejo del mundo. Pero en Argentina la clase media desinformada, lo desconoce y se sube al caballo de cualquier campaña, (hasta la más ridícula) solo para desahogarse y quitarse la “bronca” instaurada, con otra palabra muy de moda “indignación” … Están arengando giles, y se vé en reacciónes como la desmedida golpiza a ese pobre pibe ( Chano) por chocar unos autitos. La verdad dan miedo. Pero bueno, a Rio revuelto….( yo sinceramente, le recomendaría a cada uno de los “INDIGNADOS ” MIRARSE AL ESPEJO Y PREGUNTARSE SI SON ELLOS LOS PESCADORES.

    PD. y Lucía, acá Garcés. te dió las estadísticas, no sé de que hablas cuando decís que no hay estudios. Me parece un error, que quieran instaurar en la sociedad Argentina, problemas de otras sociedades.
    Es muy de Argento mirar a Europa. Y hacer esas traslaciones.

  3. Creo que debates sobre problemáticas tan complejas no pueden zanjarse con respuestas simplistas, porque nada es tan lineal.
    Entiendo que #NiUnaMenos no se planteó como una marcha contra el patriarcado, sino más bien contra la inacción, o la insuficiencia de las acciones encaradas hasta el momento para resolver este drama que aumenta año a año.
    No voy a entrar en la discusión de estadísticas y dilucidar si aumentan los hechos de violencia o aumentan las denuncias en la medida que hay mas esclarecimiento y lugares que se ocupan del tema.
    Si quiero afirmar que efectivamente en la raíz de la violencia de género hay una cuestión ideológica. Con todo el respeto que me merece el Dr Zaffaroni, debo decir que me decepcionó con su comentario de perogrullo sobre que ninguna mujer es asesinada por el hecho de ser mujer.
    El reconocimiento de la violencia de género como especifica, distinma, implica comprender la matriz ideológica del patriarcado que considera a la mujer como un ser inferior y le asigna roles de subordinación y servicio al varón. Esta ideología es reproducida por varones y mujeres. Varones que consideran que por eso son dueños de hacer con ella lo que quieren al punto tal de disponer de su vida si se resiste. Y mujeres que asumen esos roles como naturales y así se lo transmiten a su descendencia.
    Hay miles de ejemplos de cómo operan estos estereotipos en la vida cotidiana y alimentan esta ideología (no pretendo explicitarlos en este comentario, quienes trabajamos estos temas desarrollamos múltiples actividades para intentar que c/u pueda descubrirlos en su ámbito e intente modificarlos)
    También por este análisis sobre la raíz del problema, si bien admito -y trabajo para identificar, cuantificar y corregir- los déficit de la justicia en la materia- creo que no podemos buscar en este poder las soluciones. Si el problema requiere la intervención de la justicia es porque fallaron muchos sistemas previos.
    Estoy convencida de que debemos poner el foco en la educación y en la formación profesional, donde los lentos avances se limitan a actividades optativas o de posgrado.

  4. Laura, gracias por responder

    Como esxpliqué en el comentario, no cuestino que existan estudios: cuestiono que los resultados de los estudios permitan un diagnóstico tan específico.

    No veo dónde en mi comentario hice referencia a nada relacionado con Europa, pero de nuevo me parece que aventurás una conclusión sin suficiente información.

  5. La manifestación FUE contra el patriarcado, le guste a Garces o no. Evidentemente no le gusta y quiere hallar una manera de hacer lavarle el contenido al NiUnaMenos como si fuera un movimiento neutral en cuestiones de género, que solo pide por dispositivos de seguridad, así puede acusar a los colectivos feministas a los que tanto miedo tiene de querer secuestrar ese movimiento y llevar agua para su molino.

    Estas manifestaciones no hubieran sido posibles en la sociedad civil mucho más patriarcal de hace unas décadas. Por lo menos en la concentración que se hizo en mi ciudad, Carlos Paz, sí se habló por altavoces de patriarcado y machismo. Si Garces quiere argumentar que la gran cantidad de quienes fueron a esas marchas, cuando vuelven a sus casas, siguen siendo machistas, ahí estaremos de acuerdo (y él estará contento). Pero no se puede desconocer que criticar al femicidio es criticar la punta del iceberg de la violencia de género. Y cuando se habló de femicidio, no solo se le exigieron respuestas al Estado en clave de dar seguridad a las mujeres, sino de que se deje de matar mujeres. Fue una condena social a los femicidas y a su círculo de apoyo más inmediato.

    Los puntos de exigencia de NiUnaMenos nacional y NiUnaMenos en mi provincia (Córdoba) van más allá de exigir que se cumplan protocolos de seguridad para evitar los femicidios, hablan de prevención desde la misma educación sexual, hablan de capacitación de los funcionarios en perspectiva de género. Son medidas dirigidas no a corregir algo del dispositivo judicial-policial que “no funciona”, sino a TRANSFORMAR LA SOCIEDAD.

    Evidentemente, de una manera que Garcés no quiere.

    1. Jordi Galaparrats

      Creo propio de seres inteligentes e inteligibles, diría Tiberio Graco, urdanar en la más abigarrada conciencia de la gente, la sola idea de pensar y a la vez imbricar, que el feminismo en su estado más puro y duro, no resiste el menor análisis de creencia irrealizable. Es más, un sólo caso de violencia de género puede soslayar para que está hecho el derecho, y el derecho hecho está para ser sometido a la justicia. Oximoron deseperante y vacuo que dice que “caso cerrado” es una burla para la mayoría. En una palabra, la vida misma, diría Agueropolis.