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Carmen Argibay, una vida iluminadora
12 mayo, 2014
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A través de esta columna nos despedimos de Carmen Argibay, una gran jueza que nos supimos dar en Argentina.

Por Sandra Chaher

COMUNICAR IGUALDAD- ¿Cómo despedirse de quien una no quiere hacerlo? Desearía no estar escribiendo esta columna. Por afecto y porque como muchas feministas tengo la sensación de estar ante la pérdida de una mujer que deja un hueco enorme.

Conocí a Carmen hace casi doce años, cuando le hice mi primera y única entrevista para La Nación Revista. Ella acaba de ser nombrada como la primera juez argentina (tampoco había habido varones postulados al cargo) que integraría los Tribunales Penales Internacionales, creados por las Naciones Unidas para juzgar crímenes de guerra y contra la humanidad. Y venía de participar, en diciembre del 2000, del Juicio de Tokio, una experiencia que la modificaría enormemente.

A partir de las investigaciones en Japón y Corea, y del accionar de varias ONG’s de países asiáticos, se había descubierto que desde antes de la Segunda Guerra Mundial Japón había sistematizado la esclavitud de mujeres para “satisfacer sexualmente” a las tropas asentadas en países invadidos. Las mujeres secuestradas  eran llevadas engañadas por Japón desde alguno de los países que había invadido a otro y encerradas en lo que se llamaron comfort stations, eufemismo para denominar a pseudo-burdeles. Ni los Tribunales de Nüremberg ni de Tokyo, llamado Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente, juzgaron estos hechos. No se los consideraba todavía un delito específico.

La experiencia de Tokyo fue una de las más fuertes de mi vida. Además, fue lo que me inspiró para presentarme a esta candidatura de los Tribunales Internacionales, que fue lo primero que hice cuando volví” recordó en aquella nota. “Oís cosas horribles. Uno dice ‘¿Cómo es posible que un ser humano sea tan inhumano con sus propios semejantes?’ Son capaces de hacer cosas horribles, monstruosas, en la guerra.”

Después, mientras estuvo en el Tribunal Penal Internacional de La Haya se hizo amiga de mi familia y ya de vuelta en Buenos Aires conoció a mis hijxs. Nos seguimos viendo en actividades públicas y el año pasado tuvimos el privilegio de que nos diera una entrevista en Comunicar Igualdad como parte del apoyo que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) daba a la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema que ella presidía. Fue una gran entrevista realizada por Mariana Fernández Camacho.

Ahí hablaba de todo, sin medio pelo en la lengua, como siempre hizo. Con sinceridad y poniendo a cada quien en su lugar. Relataba ese enorme trabajo que lideró desde el 2009 en la Oficina de la Mujer, promoviendo la democratización de una institución enormemente sexista y patriarcal como la justicia. Lo que han hecho, y lo que harán, en esa Oficina es sin duda de los mayores aportes del Estado en democracia al logro de la igualdad. Capacitaciones, mapa de género, articulaciones, análisis de sentencias, perspectiva de género en la estructura laboral del Poder Judicial, son apenas algunas de las áreas de trabajo de la OM.

En esa nota habló sobre cuidados, trata, aborto, justicia. Una hora extensa que Mariana supo aprovechar.

Algunas de las frases para la construcción del feminismo de Carmen de ese día:

Igualdad: “Cuando te llegaba un juicio donde una de las partes era una mujer el tratamiento era exactamente igual al de los hombres, cuando en realidad no puede ser igual, porque una cosa es la igualdad de derechos y otra la igualdad de formación y de necesidades.”

Cuidados: “La mujer empieza a trabajar y al tiempo se casa, tiene hijos y problemas para ocuparse del hogar. La “doble escolaridad”: trabaja a la mañana de abogada y a la tarde de ama de casa, maestra, niñera, enfermera, lavadora, cocinera y todo lo demás. El varón, en cambio, tiene tiempo libre para hacer cursos, cursillos, maestrías y doctorados. Con lo cual el día de mañana, cuando la mujer decida que sus chicos ya son suficientemente grandecitos como para poder optar algún cargo más importante, se presentarán los dos y el currículum del varón estará lleno de cosas académicas que pudo hacer.”

Cuando a mí me dicen que los más jóvenes ahora colaboran mucho… no es una cuestión de ayudar, es una cuestión de compartir. Tienen que compartir exactamente igual.”

Justicia: “Si un señor denunciaba el robo de su auto todo el mundo le creía sin ningún problema. Iba a la policía, le tomaban la denuncia e iniciaban la investigación. ¿Cuántas veces ha habido estafa de seguros con eso? En cambio, una mujer denunciaba una tentativa de violación u otra violencia física, y había que averiguar si no estaba denunciando falsamente. Todas las denuncias de las mujeres son consideradas con sospechas de entrada.”

Aborto: “Nadie aprueba el aborto como acto en sí. A mí me llaman abortista porque digo que la mujer tiene derecho a decidir. Yo no estoy en los zapatos de todas las mujeres y no se qué problemas tienen, ni por qué deciden. Pero quienes están en la postura negativa con respecto al aborto hablan como si las mujeres se fueran a una fiesta. No les entra el vestido y entonces se hacen un aborto para mantener la silueta, como una cuestión cosmética. Esto es una banalización de problemas espantosos que pueden tener las mujeres, de problemas terribles.”

Estado laico: “La Constitución dice que el Estado es laico. Acá hay libertad de cultos, eso implica que cada uno puede aprender o enseñar la religión que se le ocurra o ninguna. Que se imponga en la escuela primaria, que es obligatoria, el estudio de una determinada religión podría ser una cuestión de inconstitucionalidad con respecto a las convenciones internacionales de derechos humanos. Porque eso está atentando contra la libertad individual, la libertad de los padres a decidir qué religión le van a dar a su hijo o si no le quieren dar ninguna.”

Víctimas de trata: “No creo que ninguna mujer esté dispuesta a ser la victimaria de otras mujeres, de regentear un prostíbulo o cosas por el estilo. Pienso que son mujeres que han empezado en esa situación y a determinada edad pasan a desempeñarse en otro carácter, pero siguen siendo víctimas.”

En el feminismo hay quizá algunos recelos con ella por haber fallado en contra de la reducción de pena de Romina Tejerina en el 2008, o por no haber tenido una posición tan contundente como sus colegas en el caso F.A.L. sobre aborto no punible y violación, en el 2012. Pero no hubo contradicciones en Carmen. Era profundamente feminista pero también respetaba enormemente la letra de la ley. Y no se permitió votos ideológicos, sin sustento en lo que ella consideraba el “deber ser” de la justicia.

Ayer estaba linda en su despedida. Parece profanatorio decir esto de una persona muerta, pero no siento que lo sea. Lo comentamos con una persona cercana a ella, sentidamente. Nos alegramos de esta belleza hacia el mundo en su última vista.

La foto que acompaña esta columna es la que eligió su equipo de la Oficina de la Mujer para despedirla en la portada de la página web. Lo mejor que puede decirse de quien sembró y sembró. La vida de Carmen es iluminadora de los caminos correctos y comprometidos, sin transas, sin medias tintas, de frente. Un modelo para seguir, difícil de emular.

Muy bien viaje!