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Garcés o el temor a perder privilegios
7 agosto, 2015
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El domingo 2 de agosto, Gonzalo Garcés publicó en el diario La Nación una columna titulada Crítica al feminismo radical, después de #NiUnaMenos. Expone en la misma un pensamiento neomachista -como definió el médico forense español Miguel Lorente a las nuevas formas de machismo que cuestionan la atención de las desigualdades de género porque éstas no contemplan la situación de los varones- apoyándose en datos falsos y en tergiversación tanto de cifras como de conceptos.

Por Sandra Chaher

gar2COMUNICAR IGUALDAD– El argumento central de la columna de Garcés es que el “Ni Una Menos” no significó un cuestionamiento al patriarcado, sino un rechazo visceral a los asesinatos de mujeres. Desde su punto de vista, el “feminismo radical” o “hardcore” querría interpretar en la masiva manifestación del 3 de junio un rechazo de la sociedad al machismo, pero nada estaría más lejos de la realidad.

Efectivamente el “Ni Una Menos” no significó un rechazo al patriarcado. El término en sí mismo es poco utilizado y conocido fuera de quienes investigamos y trabajamos con las desigualdades. Las personas que marcharon ese día a las plazas de todo el país se levantaron indignadas sobre todo frente a la ausencia del Estado en el resguardo de la vida de las mujeres. Probablemente para la mayoría de ellas, el sentido principal de esa marcha fue rechazar que las mujeres sigan siendo asesinadas por personas de su extrema confianza, a quienes aman o amaron, y en quienes confiaron. ¿Cómo puede entenderse la violencia en el contexto de las relaciones amorosas? Justamente conociendo las múltiples perspectivas feministas de abordaje de la violencia, y con feministas me refiero también a las elaboradas desde los estudios de las masculinidades, que cuestionan la socialización de los varones en dinámicas violencias hacia todo su entorno, no sólo hacia las mujeres.

Es probable que muchas de las personas que marcharon a las plazas, y/o que se solidarizaron con la marcha desde el lugar en el que estaban, no tengan profundos conocimientos sobre el machismo, las desigualdades, siquiera sobre otras formas de violencia de género más sutiles que los feminicidios, como las diversas formas de violencia simbólica, entre otras. Pero sí pareció haber un acuerdo importante en reclamarle al Estado políticas públicas específicas para abordar este tipo de violencia, que no se resuelve con las estrategias de combate de la inseguridad, en tanto se entienda a ésta –como lo hacen la enorme mayoría de políticas públicas- como los problemas que tenemos las y los ciudadanos cuando somos atacadas/os por extrañas/os en el espacio público o en nuestras propias casas.

Es decir, es cierto que la “abolición” del patriarcado no fue la bandera del 3 de junio. Tan cierto como que el reclamo por la acción pública en materia de violencia de género pasó ese día de la legalidad de la norma a la legitimidad del clamor social; y, este tipo de violencia –cuestionarla, deconstruirla, analizarla- es un paso fundamental para discutir las desigualdades de género, es decir, el patriarcado.

Dice Garcés –utilizando como fuete al portal Datosmacro.com- que en Argentina la enorme mayoría de las personas asesinadas (83,6%) son varones, y sólo el 16,4% mujeres. Efectivamente, tanto en nuestro país como en el resto del mundo (según el Estudio Mundial sobre el Homicidio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito: el 79% de las víctimas de Homicidio a nivel mundial son hombres) la enorme mayoría de las personas asesinadas son varones ya que la violencia es un problema estructural de nuestras sociedades. Por esta razón, un tema central de las agendas políticas en todo el mundo son las políticas de seguridad que, justamente, observan en particular cómo lidiar con las situaciones de inseguridad en la que mayormente son asesinados varones: atentados contra la propiedad, narcotráfico, entre otras. Justamente el reclamo que se escuchó en las plazas el 3 de junio fue que el Estado disponga de más y mejores políticas de seguridad para quienes no son asesinadas por estas razones, sino que lo son mayormente a manos de personas conocidas y en sus casas, ya que las grandes políticas de seguridad tradicionalmente no consideraron que los feminicidios fueran un tema del que deberían ocuparse los estados porque formaba parte de la vida privada. Hasta hace muy poco, si un varón era asesinado en el contexto de un robo, esto era inmediatamente noticia y escándalo; en cambio, si una mujer era violentada y/o asesinada por su pareja o ex pareja, se tejían elucubraciones sobre la supuesta responsabilidad que ella habría tenido en ese hecho y se le dedicaba apenas un breve en la prensa gráfica. Este tejido de desigual mirada sobre hechos que terminan con la vida de las personas es, entre otras cosas, lo que fue cuestionado el 3 de junio a partir de reclamar que las política públicas visibilicen y actúen sobre lo hasta ahora poco atendido.

Argumenta también Garcés que la violencia de género no es un tipo de violencia diferente, con particularidades que la diferencian de otros tipos de gacrviolencia porque, si así fuera, “la curva estadística de ese tipo de violencia oscilaría de acuerdo a su propia lógica, con independencia de los demás crímenes; pero esto nunca sucede”. Esta afirmación es falsa. De acuerdo al informe Carga Global de la Violencia Armada –realizado por The Geneva Declaration on Armed Violence and Development- que, en su edición 2011, dedicó un capítulo a analizar qué sucede cuando la víctima es una mujer (Femicide: a global problem)- mientras los homicidios (asesinatos de varones) tienen oscilaciones estadísticas en los diferentes países, los feminicidios se mantienen estables –más allá de que haya más o menos asesinatos de varones-. Es decir que la violencia social y política puede variar según el momento histórico, pero la violencia hacia las mujeres es una característica mucho más invariable de nuestras sociedades.

Hay otras estadísticas discutibles en el artículo, además de que no están citadas las fuentes de las mismas para que podamos interpretarlas en contexto y profundizar. Dice Garcés que “hoy las mujeres viven en promedio diez años más que los hombres, egresan de las universidades un 33% más que los hombres, controlan el 70% de los gastos de consumo a escala mundial y -según la revista Fortune- son propietarias del 65% de todos los bienes en Estados Unidos”. Es cierto que las mujeres viven más tiempo que los varones –muchos factores influyen en ello, entre otras razones un mayor vínculo con el sistema de salud debido al cuidado de personas dependientes que realizan a lo largo de toda su vida-; también es verdad que hay más mujeres que varones con mejor capacitación educativa (aunque no en todas las disciplinas, las ciencias duras siguen estando ocupadas mayormente por varones), sin embargo esto no se traduce en el acceso a puestos laborales más altos y con mejor remuneración económica: según una publicación de ONU Mujeres dada a conocer este año, las mujeres ocupan sólo el 24% de los puestos de alta dirección en todo el mundo.

Garcés cita también al psiquiatra Luis Bonino, poniendo como ejemplo de  micromachismos la utilización del control remoto -. Se trata de una forma muy burda de intentar desacreditar un concepto que, en sintonía con La dominación masculina de Pierre Bourdieu, propone el análisis de las prácticas cotidianas que, invisible y naturalizadamente, reproducen las desigualdades de género. Bonino se refiere, entre muchísimos otros temas a, por ejemplo, al aprovechamiento de los varones de la actitud “cuidadora de las mujeres” (¿les suena que el compañero intente hacerse  el oso a la hora de  sacar los piojos, cocinar para el encuentro social con sus padres, llevar al perro a la veterinaria, etc, etc?), a la naturalización de las tareas domésticas a cargo de las mismas, a la expectativa de que las mujeres se responsabilicen de la emocionalidad de los vínculos, aunque después justamente por asumir este rol sean cuestionadas (por el reclamo de espacios de encuentro, de salidas, de atención, etc, etc).

Ahora bien, más allá de la contrastación de cifras y conceptos, el feminismo propone una revisión de las estructuras sociales que implique no solamente distribuir equilibradamente los recursos simbólicos y materiales, sino mejorar las condiciones de vida y, en ese sentido, justamente es que la lucha por la igualdad supera ampliamente una perspectiva “de las mujeres”, para emparentarse con el reclamo a una mejor calidad de vida que hoy llevan adelante muchas personas y colectivos sociales, desde los varones que bregan por masculinidades menos violentas y una mayor atención a los cuidados, hasta los pueblos indígenas que reclaman un vínculo más respetuoso con el ambiente.

¿Cómo interpretar en este sentido artículos como el de Garcés? ¿Encontró en la confrontación con el feminismo -del que él dice que tiene mala prensa- una veta de trascendencia pública? ¿Se ve personalmente afectado, como muchos varones, por la evidencia de desigualdades que implica perder privilegios históricos?

La inserción de las mujeres en la vida pública y, a partir de ello, la redefinición de los vínculos de género tanto en espacios públicos como privados, es un hecho de la realidad sin retorno. Puede tardarse más o menos tiempo en alcanzar la paridad en muchos espacios, pero es muy difícil que esto no vaya a suceder. Se trata de procesos donde quienes históricamente ocuparon espacios de privilegio tienen que cederlos a favor de quienes fueron consideradas, históricamente, “vulnerables, frágiles, débiles”. Estamos en un momento de redefinición de las nociones de cuidado: ¿quién cuida, a quién, para qué, por qué? ¿Las mujeres debemos ser cuidadas porque somos el “sexo débil” o debemos redefinir cómo nos cuidamos mujeres, varones, trans, intersex, a partir de vínculos que no presupongan posiciones diferentes por el hecho de ser mujeres o varón, tener identidad femenina o masculina?

Es un momento de nuevos consensos, en el que quizá aporten más los diálogos que las confrontaciones, sobre todo si se apoyan en ideas tergiversadas y datos falsos.

Respuesta de Gonzalo Garcés a este artículo.

 

 

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8 comments

  1. Gonzalo Garcés es un escritor mediocre, inventado por Luis Chitarroni que en su momento pensó que su imagen de nene lindo iba a ayudar al personaje y la venta de libros. Su primera “novela” está tan mal escrita que duele tratar de leerla y lleva su foto en la tapa. Via google descubrimos que vivió en Paris y sospecho que volvió al país porque nunca logró vivir de la escritura fuera de estas tierras generosas. Aquí se dio cuenta de que con algunas provocaciones y unos blogs se le llenaba la tribuna de minitas. También se le enojaron algunos popes como Fogwill y en el enojo por supuesto lo mencionaban. Así se fue haciendo una famita de cuarta pero famita al fin. Sin dudas lo que más le gusta a este misógino de cuarta es llamar la atención y sus machitos lectores hablan más de él que su pésima obra literaria. Creo que hay que pedirle que le reclame atención a su mamá, su papá, su novio o su señora esposa. Lo demás de este energúmeno es todo olvidable.

    1. Leyendo este comentario, casi puedo adivinar tu apellido , Susana B.

      1. Habrás trabajado como yo en el mundo editorial donde muchas de las cosas que comento son conocidas. Disculpas pero yo no te recuerdo Alfredo.

  2. Esta respuesta deberia publicarse en La Nación!!

    1. Comunicar Igualdad

      Es cierto Felipe. Por ahora la publicamos acá. Veamos si La Nación nos da derecho a réplica en algún momento.

  3. El texto de ese hombre derrocha ignorancia. Lo leí para ver que decía, pero es lamentable; cero argumento, sólo un compendio de odio hacia las mujeres que luchamos y reclamamos contra ese machismo que aún existe y nos oprime, a pesar de que muchxs pretendan desconocerlo.

  4. El 90% de los asesinatos afecta a hombres; lo primero sería preguntarse por qué la preocupación del estado debiera ser, o es, prioritaria hacia una minoría de casos de apenas el 10%? . Un indicio es lo ocurrido en el naufragio del Titanic: el derecho a la vida de cualquier mujer fue allí prioritario frente al derecho a la vida de cualquier hombre; y esa jerarquía predominó incluso frente a la de clases (un millonario que pretendió un lugar en los botes salvavidas fue asesinado de un tiro por un marinero , otro hombre); la especie humana da mayor importancia relativa a la vida de las mujeres, por su capacidad reproductiva.Y la “ciencia” actual ignora estas circunstancias, pero no la gente común, (aunque sea de manera no consciente) y de allí , parcialmente, las reacciones “machistas”. El “mujeres y niños primero” parece un precepto de enormes y tácitas repercusiones .

    1. Comunicar Igualdad

      Ricardo, las muertes violentas de varones y mujeres tienen causas totalmente diferentes. A los varones los asesinan fundamentalmente otros varones en la calle; a las mujeres sus compañerxs o ex compañerxs en el ámbito de sus hogares. Ambas situaciones de violencia deben ser estudiadas y merecen políticas públicas, pero diversas. La violencia de género hasta el momento ha estado invisibilizada, la inseguridad urbana en cambio ha merecido toda la atención de las políticas públicas