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Garoglio está libre, la vida Ivana Rosales podría peligrar
21 abril, 2014
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La película de Susana Nieri, Ella se lo buscó, podría tener su segunda parte. Porque la pesadilla de Ivana Rosales, quien estuvo a punto de morir atacada por su marido, no terminó. Él intentó asesinarla en el 2002,  lo condenaron apenas a 5 años, se fugó y la causa prescribió. Tiempo después se supo que abusó sexualmente de sus hijas. Alguien denunció que el prófugo trabajaba a pocos kilómetros del domicilio de Ivana. Esta vez lo atraparon y  lo condenaron a 4 años y 8 meses  de cárcel por abuso y por  no cumplir con la cuota alimentaria de sus hijos. Su condena termina en mayo de 2015,  pero ya tiene salidas transitorias y en un mes podría gozar de libertad condicional. Cuando se enteró, Ivana tuvo un ataque epiléptico. Su abogado dice “estoy preocupado, temo por ella”.

Por Susana Yappert, desde Neuquénga1

COMUNICAR IGUALDAD- Mario Garoglio e Ivana Rosales convivieron ocho años, los últimos tres casados legalmente, y tuvieron dos hijas y un hijo. Vivían en Plottier, una ciudad satélite de Neuquén capital. El 18 de abril de 2002, Mario Garoglio intentó matar a su esposa Ivana Rosales, primero ahorcándola y luego a golpes de piedra. Creyó que lo había logrado, la metió en el baúl del auto pero alguien lo vio. No tuvo más remedio que entregarse, y confesó “se me fue la mano”.  Ella agonizó, estuvo en coma meses, pero sobrevivió, aunque con lesiones permanentes.

La sociedad neuquina conoció el caso tras la escandalosa condena de un fallo vergonzoso. Por intentar asesinarla lo condenaron a cinco años de cárcel. Apenas cinco años para un tribunal que dio muestras de servir a la justicia patriarcal, ellos fueron los jueces de la Cámara criminal II compuesta por José Andrada, Emilio Castro (firmante de otros casos que hoy son estudiados como ejemplos de justicia sexista) y Eduardo Badano(destituido por otra causa). A ellos hay que sumar la participación del fiscal Alfredo Velasco Copello, quien convenció de las “circunstancias extraordinarias de atenuación“, ya que el hombre golpeó a su mujer después de enterarse de que ella le era “infiel” y de anoticiarlo que lo dejaría. Un fallo que destila sexismo y que estuvo coronado por la defensa de la abogada Alicia Garayo, quien clamó al tribunal “juzguen como hombres”, puesto que se habían ocupado de ventilar que Ivana había trabajado en la noche de un enclave petrolero, Rincón de los Sauces, y que no se había redimido de una vida licenciosa a los ojos de esta gente. “Gracias a Dios este tribunal está integrado por hombres– afirmó la defensora-. Les pido que juzguen desde su punto de vista de seres humanos hombres”. Garayo pretendió, sin éxito, convencerlos de que su cliente había actuado bajo emoción violenta. “¿A qué hombre le gusta recibir un sopapo de su mujer, que encima le dice ‘sí, fui adúltera’… Se sintió obnubilado. Hablemos en criollo señores jueces; en ese momento se enteró de que era cornudo.” Una abogada que además, minimizó el atroz sufrimiento que padeció la víctima: las lesiones que sufrió Rosales “no son graves: no le falta un brazo, ni una pierna, ni un pulmón; tiene leves cicatrices en la cara, pero para el trabajo que tuvo alguna vez, o el que no tiene ahora, no la perjudica”.  El único de los integrantes del jurado que consideró que a Garoglio no debían correrle los “atenuantes” pidió 12 años. Le dieron 5.

El mismo tribunal que hizo la vista gorda cuando el victimario – quien no estuvo un sólo día preso por esta causa-, tras ser condenado se fugó hasta que la causa prescribió. Un tribunal que no hizo nada ante estas circunstancias según demuestran los hechos, puesto que el fugado trabajaba bajo un contrato a pocos kilómetros de la sede tribunalicia y del domicilio de la víctima, pero en la ciudad vecina de Cipolletti (Río Negro).

Este hombre y la violencia institucional ejercida por la justicia machista encarnada en tres jueces y un fiscal de Neuquén, revictimizaron a Ivana hasta lo indecible. La llenaron de miedo, un miedo que no cesa desde hace dos décadas. Porque su pareja  la violentaba cuando convivían, porque intentó matarla aunque el tribunal gastara mucha tinta en probar que en realidad no quiso hacerlo sino que “se le fue la mano”, tal como confesó el victimario. Miedo porque quiso asesinarla y falló, miedo porque el hombre estuvo libre mientras duró la apelación. Miedo porque cuando la sentencia quedó firme, se fugó. Miedo porque abusó de sus hijas y una de ellas no soportó la situación y se suicidó. Miedo porque Garoglio volvió a aparecer en la cuidad que lo condenó, volvió a aparecer en la vida de Ivana y en la de sus hijxs.

A Garoglio le sobraban motivos para sentir que podía seguir haciendo su vida como si nada. Pero había dos causas abiertas contra él, una en Neuquén y la otra en Río Negro, por el abuso contra sus hijas.  Fue juzgado en  Río Negro, le dieron 4 años en febrero de 2012, y a esa condena sumó otra,  en junio de 2013, por incumplimiento de los deberes de asistencia familiar a pedido de la querella. Pero insólitamente,  el fiscal Ignacio Di Maggio se abstuvo de acusar, bajo una patética afirmación: El hecho es atípico, la madre pudo solventar los gastos indispensables para los hijos menores”, afirmó. Quedó detenido en General Roca, a 40 km. de Neuquén capital.

A dos años de esta última sentencia, el 13 de enero de 2014,  se le otorgaron salidas transitorias de 12 horas cada 20 días. Ivana Rosales no fue notificada  de ellos pese a que es querellante. Recién se enteró de las salidas de Garoglio el 27 de marzo, cuando asistió a la audiencia en la que se debatió su libertad condicional. La jueza de Ejecución Penal de Neuquén, María Gagliano, amplió el régimen de salidas de Garoglio a 24 horas cada 30 días, y en un mes decidirá si le otorga la libertad condicional.  La magistrada dispuso que en ese período el imputado no puede salir de la casa en la que vive la persona que se ofreció como tutor, ni tampoco acercarse a Ivana o a su entorno familiar. También dispuso que en un mes tiene que producirse un informe psicológico y psiquiátrico integral, y luego definirá si le otorga la libertad condicional. Según Ivana, el tutor de su ex marido es la misma persona que vivía al lado de Garoglio en Cinco Saltos, Río Negro, cuando el hombre abusaba de sus hijas.

ga2Cuenta Ivana que cuando se enteró de esta situación, aún medicada, tuvo una ataque epiléptico. Padecimiento que arrastra desde la golpiza de su ex pareja que casi la mata. Su salud se deterioró desde entonces. El abogado que la asiste legalmente, Marcelo Hertzriken Velasco, también está preocupado por ella. Como querellantes se oponen a las salidas transitorias y a la libertad condicional y presentarán un perito de parte para impedirlo, pero en el fondo el miedo es otro: “Sabemos que, le den o no la condicional,  el año que viene va a estar en la calle. Este sujeto, por intentar asesinarla, debió ser condenado a 20 años, pero por esa causa no estuvo un sólo día preso, le dieron cinco y se dio a la fuga hasta que se produjo la prescripción de la acción y como sabemos lo que hizo con Ivana para la justicia no contó en vista a que aquella causa  no suma nada en las causas que siguieron, como tampoco parece contar la causa original en la decisión de la jueza de permitirle salidas transitorias. La verdad es que temo por Ivana”.

Ella, pese a su dolor y un cansancio que a veces parece abatimiento,  promete que seguirá peleando porque quiere una sociedad más justa para su hija y su hijo. La pesadilla de Ivana fue el tema de la película Ella se lo buscó, de Susana NieriUna copia de la cinta acompañó  la presentación  del caso que, con acompañamiento del CELS, Ivana presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Lamentablemente, esta historia tiene nuevos episodios que vienen con “más de lo mismo”.

Pero esta historia que parece la historia sin fin, se empeña en nuevas respuestas. La justicia ya habló, las leyes también, por otra parte las cárceles no sirven para que sujetos como Garoglio sientan menos odio, para que sus vidas se transformen positivamente. ¿Qué hacer entonces frente a esta realidad que acorrala de ese modo a tantas mujeres? (Ver “Otras mujeres hablan”)

Seguramente la justicia deberá responder, también quienes hacen las leyes y quienes toman decisiones de política. Pero la historia señala que nada ocurrirá velozmente para que lxs hijxs de estas víctimas de hoy vean el fruto de lo que sembraron sus madres. Aunque de algo estamos seguras, los cambios en la historia los seguirá escribiendo el colectivo de las “ellas”.

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