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“La ONU está mostrando un compromiso más constante para sacar a la luz los abusos que enfrentan las personas LGBT”
8 septiembre, 2015
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Cynthia Rothschild, feminista y activista por los derechos humanos y los derechos sexuales, explica en esta entrevista la importancia de un reciente informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) sobre discriminación y violencia contra las personas LGTBI. La investigación da cuenta de las violaciones de los derechos humanos de estas personas a nivel global y es la segunda en esta línea realizada por la ONU. “Es el resultado de décadas de activismo por la justicia social, pero es también reflejo de la voluntad política de estos tiempos, de modo que aquí estamos: en 2015, los gobiernos que integran el sistema de la ONU a la postre están mostrando un compromiso más constante para sacar a la luz los abusos que enfrentan las personas LGBT” analiza Rothschild. La activista también se refiere a las resoluciones sobre “Protección de la Familia” que aprobó el mismo Consejo de Derechos Humanos de la ONU donde se presentó el informe y que puede ser leída como un intento de los países conservadores por limitar la apertura de derechos.

Por Nana Darkoa Sekyiamah

COMUNICAR IGUALDAD/AWID- Acaba de ser recientemente presentado en la ONU el informe Discriminación y violencia contra las personas por motivos de orientación sexual e identidad de género, realizado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). Cynthia Rothschild, feminista y activista por los derechos humanos y los derechos sexuales, reflexiona en esta entrevista sobre la importancia del informe y los resultados de la sesión del Consejo de Derechos Humanos de junio de 2015.

¿Cuál es la importancia del nuevo informe del ACNUDH sobre “discriminación y violencia contra las personas por motivos de orientación sexual e identidad de género”?

La utilidad de los informes de las Naciones Unidas depende del uso que les demos, pero este sí reviste importancia. Es apenas el segundo informe que emite la ONU en toda su historia sobre derechos humanos, orientación sexual e identidad de género. Y si bien el contenido está muy limitado al del primer informe pionero, que comprende el período 2011/2012, éste en particular manifiesta una tendencia indiscutible: existe ahora un precedente y una modalidad de enfoque en el seno del sistema de derechos humanos de la ONU. Es importante recordar que la primera decisión del órgano creado en virtud de tratados de la ONU sobre orientación sexual fue emitido hace más de 20 años, de modo que estos informes llegan tarde. Son el resultado de décadas de activismo por la justicia social. Pero son también reflejo de la voluntad política de estos tiempos, de modo que aquí estamos: en 2015, los gobiernos que integran el sistema de la ONU a la postre están mostrando un compromiso más constante para sacar a la luz los abusos que enfrentan las personas LGBT. Al fin están diciendo “no más asesinatos, arrestos, hostigamiento ni violaciones. Basta de despidos, de expulsar a las personas de su hogar o la escuela por creer que no vale la pena brindarles protección”. Sin embargo, esta voluntad política no surge de la nada: los gobiernos finalmente comienzan a escuchar las demandas de tantas décadas de activismo. Durante ese tiempo, muchas personas murieron, fueron agredidas, sus oficinas fueron saqueadas, sufrieron detenciones o acoso y han sido expulsadas de los centros de salud, de su vivienda, de la escuela o un empleo. Estos informes de la ONU se afirman en el reclamo de que esas violaciones a los derechos humanos deben terminar. De hecho, deben prevenirse. Y los Estados tienen la obligación de comprometerse a respetar, proteger y cumplir los derechos humanos de todas las personas, con independencia de su orientación sexual, expresión de género e identidad de género. Algo importante del informe es que afirma que las violaciones de las que hablamos se originan en la discriminación de género. No rehuye a afirmar que la autonomía del cuerpo y la regulación de la sexualidad están en el centro de la discusión. Esto es de enorme importancia para todas las personas y por supuesto para las lesbianas y las mujeres en general, dado el sexismo, la misoginia y la desigualdad de género que impera en todas partes del mundo, en el norte y en el sur por igual. Y debemos recordar también que el sistema de derechos humanos de la ONU demoró en abordar los derechos humanos de las mujeres. En ocasiones la vara de la justicia es obstinada y no se doblega con rapidez.

¿Qué cambios o efectos espera que produzca el informe?

El activismo, las comunidades y los Estados pueden emplear el informe con mucha creatividad. En efecto, el informe es tan útil como el uso que la gente haga de él. De modo que debe usarse para exigir de los actores gubernamentales, el funcionariado y demás autoridades (incluidas las religiosas, las policiales, la familia y la comunidad) la rendición de cuentas en la arena política y jurídica. Pero también puede servir como inspiración para campañas creativas e inclusive para la elaboración de pautas de prestación de servicios. La gente puede usar el informe como fundamento para exigir la derogación de las leyes que se esgrimen para asesinar, torturar, arrestar y hostigar a las personas con disconformidad de género. Con el informe pueden pedir cambios en las políticas de asilo y detención. Pueden exigir el fin del encarcelameinto psiquiátrico forzoso y el fin de las terapias (y los castigos) de conversión/reparadoras. El activismo puede demandar que las personas de la política dejen de incitar el odio a través de las expresiones de misoginia, homofobia y transfobia, que a menudo se usan con fines políticos, especialmente en lo referido a elecciones o reformas constitucionales. Hay asuntos que deben solucionarse con urgencia: la juventud debe estar segura en la escuela y el hogar. Los sistemas de salud pueden y deben reformarse, en especial para que las políticas y el personal den a las personas un trato justo y digno. Las personas trans y las personas que muestran una disconformidad de género no deberían ser sometidas a requisitos abusivos para que se les reconozca legalmente por su preferencia de género. La juventud intersexo no debería ser obligada a “reparar” su sexo y, por supuesto, no debería ser forzada a someterse a intervenciones médicas. Nadie debería ser esterilizado de manera forzosa ni ser sometido a cirugías no deseadas. Nadie debería sufrir agresión sexual debido a su género y sexualidad y a la forma en que los expresa. Nadie debería ser castigado por no ajustarse a ningún estereotipo de género. Las parejas formadas por personas del mismo sexo no deberían recibir beneficios diferenciados de manos del estado en función de la persona a la que aman. De modo que son muchas las causas que se pueden apoyar con ayuda del informe, desde cambios políticos y jurídicos hasta cambios en la “mente y el corazón” de las personas a quienes sabemos que debemos conquistar. La clave de todo informe sobre derechos humanos reside en la noción de rendición de cuentas; es decir, los gobiernos y las y los activistas pueden imputar la responsabilidad de las personas y los Estados si cometen una violación a los principios de derechos humanos, así como pueden exigir el fin de la impunidad que a menudo rodea a estas violaciones. En general los abusos no se investigan. Los autores, incluyendo la policía, no reciben castigo. En efecto, la policía e incluso la familia muchas veces también son cómplices de los abusos. Este informe declara que los Estados tienen la obligación de investigar, castigar y prevenir los abusos.

¿Cuál ha sido la participación del activismo LGBTQI en la defensa y configuración de este resultado?

El activismo LGBTQI, entre otros pertenecientes a los movimientos por la orientación sexual y la identidad de género, queer y los derechos sexuales o incluso a los movimientos por los derechos de las mujeres sin dudas está en el centro del informe. Son las demandas del activismo —y las décadas de activismo— que hacen que los gobiernos y las autoridades de la ONU asuman una postura contra los abusos. Y desde luego, las demandas del activismo se afirman en las personas que históricamente han sufrido décadas, por no decir siglos, de violencia y discriminación. El activismo ha trabajado en los salones de los edificios gubernamentales y de la ONU con argumentos simples: las violaciones son violaciones, independientemente de quiénes sean las víctimas o los sobrevivientes. No hay jerarquías. Y las personas LGBTQI existen, en todo el mundo. Son lógicas muy simples pero que encuentran mucha resistencia al momento de reconocerlas. De modo que lograr el consenso de los gobiernos para exigir informes de la ONU sobre los abusos puede tomar años de acciones de incidencia, como de hecho sucedió. Hay alianzas en algunos espacios gubernamentales que también hacen esto posible. Este tipo de alianzas son también cada vez más frecuentes entre el personal de la ONU y personalidades destacadas, como el Secretario General Ban Ki-moon. Su apoyo ha sido constante, instando a poner fin a estos abusos desde que comenzó su mandato. Pero el activismo LGBT y por los derechos sexuales ha recurrido al sistema de la ONU por mucho tiempo, sobre todo en los últimos diez años. Los informes y las resoluciones que fueron allanando el camino son el resultado de esa participación estratégica. Pero una de las fuentes fundacionales de la fortaleza en este punto son las acciones de incidencia que tienen lugar en los ámbitos regionales. La Corte y la Comisión Interamericanas de Derechos Humanos tuvieron un rol protagónico en las acciones de incidencia relacionadas con la orientación sexual y la identidad de género. El sistema europeo también ha abordado estas cuestiones durante muchos años. Tenemos además el trabajo de la Comisión Africana, que incluye la Resolución sobre la violencia y otras violaciones de los derechos humanos motivadas por una orientación sexual o identidad de género supuesta o real. Todo ello es el resultado de prolongadas demandas del activismo y de acciones inteligentes de incidencia en estos espacios. Desde luego, las conquistas obedecen al reconocimiento de que estos abusos reales y atroces ocurren en los ámbitos nacionales y locales. Las personas llevan las cicatrices visibles de esos abusos, de modo que las violaciones ya no se pueden ignorar. Los Estados no pueden ya esconderse con facilidad detrás de la retórica según la cual estos son “derechos especiales” ni detrás de las declaraciones de relatividad cultural o de pureza heteronormativa. Cada vez queda más claro que para los Estados se está tornando más difícil manipular el discurso homofóbico para negar derechos, aún cuando la retórica se vuelve más virulenta.

Estamos observando un aumento de denuncias principalmente en las redes sociales y medios alternativos sobre el aumento en los Estados Unidos de los asesinatos de personas trans, especialmente de mujeres trans negras. ¿De qué manera el informe puede ayudar a poner fin a esta violencia?

El informe aborda de forma explícita la violencia y la discriminación generalizadas contra las personas trans. Por ejemplo, hace alusión a las personas trans y a la violación en situaciones de reclusión. También incluye datos desgarradores extraídos del Trans Murder Monitoring Project, que advierte más de 1600 asesinatos en 62 países en seis años. Históricamente hubo esfuerzos de limpieza social que apuntaron contra las comunidades trans. De modo que el informe contiene referencias para que las personas lo usen, ya sea que pertenezcan al activismo, la política, los gobiernos o la ONU. Por otra parte, preocupa aquello que no se denuncia. Por ejemplo, hay muchas formas de violencia ejercida contra las lesbianas que nunca se denuncian. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos señala que muchos casos de violencia contra las lesbianas “no son denunciados”. De modo que también debemos pensar cómo este informe, así como otros enfocados en la violencia contra las mujeres y las personas con disconformidad de género, puede emplearse en las acciones de incidencia allí donde no haya datos estadísticos.

En la misma sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de la que surgió este importante informe sobre orientación sexual e identidad de género, surgió una resolución sobre “Protección de la Familia”. ¿Ud. observa el interés en esta resolución como parte de una reacción o respuesta contra el fortelecimiento de los principios de derechos humanos en favor de las personas LGBT?

Hay quienes dicen que Egipto propuso esta perjudicial resolución sobre la familia como una respuesta directa a los avances en materia de orientación sexual e identidad de género. No sé con certeza si se trató de una respuesta directa, pero sí que guarda alguna relación. Creo que esta propuesta de resolución tiene otros efectos además de embestir contra los avances en materia de orientación sexual e identidad de género. Tiene una función política más profunda, incluso para desviar la atención de otras cuestiones de derechos humanos. En términos generales, creo que esto trata de debilitar a todo el sistema de derechos humanos, pieza por pieza. La resolución condena a diversos tipos de familia, no únicamente aquellas formadas por personas LGBT. Pensemos en el estereotipo de las abuelas que crían a las hijas y los hijos de aquellas madres y padres que han muerto a causa del VIH y SIDA o el virus de Ébola, madres y padres solteros, mujeres jefas de hogar o redes de parentesco que enfatizan la crianza comunitaria de las niñas y los niños, todas esas modalidades quedan atrapadas en esa red de arrastre. Es un esfuerzo para promover nociones específicas, conservadoras y patriarcales de religión, tradición y cultura. Otro motivo porque la resolución supone un riesgo es que oculta el hecho de que muchas personas experimentan una violencia y discriminación brutales en la familia y que las familias deben ser inculpadas por esos abusos. Un asunto sobre el que los negociadores egipcios no cedieron es la idea de que “existen varias formas de familia”. Ellos, y otros Estados copatrocinantes, se opusieron a incluirla en las versiones del texto. La rigidez de los Estados que patrocinan este tipo de resoluciones sobre temas como estos significa que ven un beneficio político al promover una idea monolítica de “familia” como un modelo heterosexual nuclear sin variaciones. Desde una perspectiva de derechos humanos (y de derechos de las mujeres), esta noción acotada es preocupante. Pero esto tiene que ver no sólo con la orientación sexual y la identidad de género, aunque su temor al matrimonio gay y las mujeres como sujetos que toman decisiones en la familia son algunas de las razones por las que impulsan la resolución. La cuestión clave es que adoptan decisiones en función de la política, son cálculos geopolíticos espantosos sobre las alianzas que se pueden tejer en torno a estos temas. En esta sesión del Consejo se debatió mucho sobre derechos sexuales y reproductivos, con los trasfondos siempre presentes de las relaciones económicas y militares entre Estados; los conflictos en Ucrania, Israel/Palestina; la resistencia a la hegemonía de los EE.UU. y Europa; el aumento del poder de los movimientos militares violentos; las medidas de austeridad y la economía europea. Estos y otros “grandes temas” generalmente ocupan el centro de la agenda, incluso aunque no se hable de ellos. Hay motivos para celebrar este informe del ACNUDH sobre orientación sexual e identidad de género, pero debemos observarla en el contexto de todo lo otro que ocurre. Este informe sobre orientación sexual e identidad de género es la “segunda parte” de un informe especial e importante. En ocasiones los logros llegan con mensajes simples, incluido aquel según el cual los gobiernos ya no pueden mantener el silencio que rodea a las violaciones perpetradas por razones de orientación sexual, identidad de género, expresión de género o condición intersexo, ya sean reales o percibidas. Con este informe avanzamos un paso. Se trata de otra herramienta para formular nuestras demandas y que podría salvar una vida en algún lugar.