Contactar comunicarigualdad@gmail.com +54-11-47726862 (de 9 a 13 hs)
Poniendo en agenda la corresponsabilidad y el cuidado
19 noviembre, 2012
0

El tema de los cuidados y la corresponsabilidad no forma aún parte de las políticas públicas de Argentina. En sintonía con lo realizado en otros países, el Sistema de las Naciones Unidas ha trabajado en la promoción del tema en el país durante los últimos años. Las acciones del 2012 incluyeron la publicación de un libro sobre la temática y la realización de un taller sobre sistemas de protección social con enfoque de género. “El tema de los cuidados es central en la agenda de la igualdad porque es central para la discriminación. Se entronca con la discriminación laboral y tiene efectos en la participación social, política y la violencia de género” señala Carmen de la Cruz, responsable del Área de Género del Centro Regional de PNUD para América Latina y El Caribe.

Por Sandra Chaher

COMUNICAR IGUALDAD Los cuidados son un tema central en la agenda del desarrollo actual. Tienen que ver primero con visibilizar, luego con contabilizar y finalmente con redistribuir el rol de cuidadoras que históricamente han asumido las mujeres como parte del mandato cultural de género. La asociación entre la función biológica de la maternidad y el enorme caudal que por tanto nos tocaría a las mujeres en el cuidado no sólo de la prole, sino de las personas ancianas, enfermas y necesitadas que hubiera en la familia y en la sociedad viene de hace cientos y hasta miles de años. La capacidad biológica de las mujeres para la procreación derivó en la que creencia de que somos nosotras las más capacitadas para hacernos cargo del cuidado de hijas e hijos. Y de este rol inicial, se derivó el cuidado también de otras personas y el mantenimiento de los hogares.

Las reflexiones sobre la desigualdad, el movimiento feminista y la entrada de la mujer al mercado laboral con potencia en las últimas décadas hicieron que ya a fines del siglo pasado estos conceptos se vieran resignificados o, al menos problematizados, desde diversas disciplinas. Una de ellas es la economía feminista, que busca darle el valor que corresponde al aporte de reproducción de la fuerza de trabajo que realizan las mujeres, tanto de las que lo hacen como parte de su rol de amas de casa-cuidadoras como de las que cobran por este trabajo algunos de los ingresos más bajos y poco protegidos del mercado laboral.

Foto de Matías Burno que integra el ensayo fotográfico incluido en el libro Las lógicas del cuidado infantil.

¿En qué consiste este aporte? En todas aquellas tareas que parecen invisibles pero permiten que cada mañana niñas y niños vayan a las escuelas y mujeres y varones al trabajo: limpiar, barrer, sacar piojos, cocinar, llevar y traer de la escuela, elegir las comidas preferidas de cada integrante de la familia e invertir tiempo en realizarlas, contar cuentos a la noche, colocar inyecciones cuando hace falta, llevar la ropa a la tintorería, cambiar lamparitas, ¿seguimos?

Las mujeres realizan estas tareas y muchísimas más en eso que las caricaturas llaman “orquestación” o más formalmente diversificación. Y con ello permiten que este flujo de trabajo doméstico no remunerado sostenga a los trabajadores para que se inserten en el mercado de trabajo. Esta tarea fue realizada históricamente sin recibir remuneración por ello en la mayoría de los casos –en su rol de amas de casa/cuidadoras- o recibiendo una paga bajísima –como trabajadoras domésticas- y, lo que es peor, sin tener la menor noción del valor social de su tarea. Una invisibilización que vinieron muy bien al capitalismo y al patriarcado que ni pagaron ni debieron valorar el enorme aporte de las mujeres a la construcción de la sociedad.

Un registro de la desigualdad en esta área lo constituyen las encuestas de uso del tiempo. En la investigación Trabajo y familia: hacia nuevas formas de conciliación con corresponsabilidad social, realizada en el 2009 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se hizo un análisis de 14 encuestas de este tipo realizadas en los últimos años en  América Latina. Los resultados fueron que los hombres tienen menos participación e invierten menos tiempo en las tareas de cuidado; que el mayor tiempo dedicado por las mujeres a estas tareas se incrementa en los tramos del ciclo vital asociados a la maternidad; que las mujeres indígenas y las de sectores más pobres son las que más tiempo dedican; que la jornada laboral de las mujeres es inferior a la de los hombres, debido a la necesidad de atender responsabilidades domésticas y/o familiares, lo cual impacta en remuneraciones y jubilaciones; y que las tareas de cuidado que realizan unos y otras son diversas: los varones se dedican a aspectos menos rutinarias (jugar con los niños), mientras las mujeres se responsabilizan de la alimentación e higiene cotidiana.

En agosto de este año fue presentada en la ciudad de Rosario una encuesta de uso del tiempo realizada por la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario con el apoyo de ONU Mujeres en la que se sigue observando la misma tendencia de las mujeres dedicando más tiempo que los varones a las actividades no remuneradas de trabajo doméstico, cuidado no pagado de niñas, niños y personas adultas integrantes del hogar y a su vez los varones dedicando más tiempo al trabajo remunerado para el mercado. Sumando las horas de trabajo total de cada una/o (el trabajo de cuidado es considerado en esta ecuación, no sólo el productivo): mientras las mujeres trabajan 6 horas con 39 minutos por día, los varones invierten 6 horas y 10 minutos. La distribución de estas horas es que las mujeres dedican solamente 2 horas con 14 minutos al trabajo remunerado para el mercado (que es el que les garantiza recursos económicos y protección social) y 4 horas con 25 minutos horas al trabajo no remunerado, mientras los varones invierten 4 horas con 28 minutos en el trabajo remunerado y apenas una hora con 42 minutos en el no remunerado.

¿Cómo se resuelven estas desigualdades? Sobre todo teniendo en cuenta que estamos en una coyuntura crítica en la que las mujeres ya salimos al mercado laboral pero aún no abandonamos el cuidado, con lo cual estamos recargadas de tareas. La propuesta de la corresponsabilidad supone que las sociedades se hagan cargo de las transformaciones sociales –la inserción laboral de las mujeres hace que ya casi no haya amas de casa/cuidadoras exclusivas- y del reto de la igualdad que impone una redistribución de esas tareas que históricamente desempeñamos las mujeres. El nuevo reparto debería incluir activamente a los varones hacia el interior de las familias, pero también al Estado y al mercado colaborando en que las familias no deban hacer frente solas a las demandas de cuidado de sus integrantes. Cuando el Estado y el mercado no están, resuelven las familias porque alguien debe ocuparse. Y cuando resuelven las familias, la carga recae sobre las mujeres abrumadas en la actualidad con dobles y triples jornadas: trabajamos, cuidamos y limpiamos. Esta asunción de manera exclusiva de las responsabilidades de cuidado por parte de las familias, perjudica más a los sectores empobrecidos que no pueden trasladar parte de esta carga al mercado contratando guarderías privadas o personas que realicen el cuidado dentro de los hogares.

Políticas públicas

¿Están los gobiernos haciéndose cargo del desafío de las transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales de las últimas décadas? Según se explica en la investigación del PNUD y la OIT en las últimas décadas en América Latina –algo similar pasa en el resto del mundo- el modelo familiar ya no es el tradicional: varón proveedor que trabaja muchas horas pero con su único sueldo mantiene a una familia, y mujer que se ocupa de las tareas domésticas y reproductivas y que si, eventualmente trabaja fuera del hogar, genera ingresos apenas suplementarios y por tanto poco valorados.

La realidad actual es que las familias cada vez son más pequeñas, se redujeron los hogares extendidos con abuelas y abuelos que colaboraban en la crianza; ya no hay una persona dedicada exclusivamente a las tareas productivas y otra a las reproductivas; envejeció la población, con lo cual hay cada vez más demanda de cuidados entre adultas/os mayores; el mercado laboral se volvió informal e inseguro; las mujeres tienen mayor autonomía y otras expectativas de realización profesional; y tampoco los varones jóvenes desean ocupar el mismo rol familiar que sus ancestros.

Con tantos cambios ¿quién cuida a quién? Esto no está resuelto y por eso uno de los retos centrales de las sociedades actuales es la crisis de cuidados que nos atraviesa: cómo resolver la demanda de cuidado que todas las personas tenemos a lo largo de nuestras vidas. Porque el cuidado no es sólo demandado por niñas/os, ancianas/os y personas enfermas. Según investigaciones que se hicieron en algunos países, una persona adulta demanda tanta energía para ser cuidada como una niña o un niño pequeño.

Juliana Martínez Franzoni durante el taller dictado en Buenos Aires.

Juliana Martínez Franzoni y Merike Blofield realizaron una investigación sobre la adopción de políticas de conciliación entre trabajo y familia del 2000 al 2011 en Argentina, Brasil, Costa Rica, Chile y Uruguay en la que concluyeron que la mayoría de las reformas realizadas en la última década giraron en torno a las transferencias monetarias condicionadas (TMCs), la regulación de las trabajadoras domésticas y los servicios de cuidado.Las tres promueven mayor equidad de clase –señalan las autoras-, y los servicios promueven también equidad de género.” Sin embargo, no observaron  cambios importantes hacia la co-responsabilidad parental, ni en las licencias que otorga la inserción en un empleo formal, que siguen siendo abrumadoramente maternalistas.

En relación a la situación de cada país, los hallazgos fueron que Brasil tenía ya en 2000 políticas relativamente avanzadas en el tema y al 2011 mostraba pocos cambios; Chile fue el país que experimentó mayores cambios en el período analizado; Uruguay y Costa Rica se ubican en el medio, a excepción de la regulación formal del empleo doméstico, donde están muy avanzados; y Argentina, que inició la década rezagada respecto, continúa igual.

 “El tema de los cuidados y su organización y la respuesta de las políticas públicas está recién emergiendo en la región en un trabajo coordinado y

Cármen de la Cruz (izquierda) y Andrea Balzano (derecha) durante la apertura del taller dictado en Buenos Aires.

sustantivo entre agencias internacionales y mecanismos de igualdad de los países– señala Carmen de la Cruz, responsable del Área de Género del Centro Regional de PNUD para América Latina y El Caribe- . Se trata de un proceso que se afianzó fuertemente a partir del Consenso de Brasilia realizado por la CEPAL en el 2010 y que va desde la construcción de herramientas como encuestas de uso del tiempo hasta debates más conceptuales y respuestas de política pública e instancias de capacitación. Y creo que también responde a contextos más favorables en la región que tienen que ver con procesos de democratización social y política de largo aliento; contextos económicos más favorables; un mercado de trabajo al que las mujeres están accediendo; mejoras educativas también de las mujeres; una reforma del Estado en la que los sistemas de protección social están apareciendo como un elemento clave regulando derechos y dando respuestas a situaciones de pobreza y exclusión social; y todo esto claro acompañando los cambios demográficos y de conformación de las familias.”

Carmen de la Cruz estuvo en Argentina participando y dictando junto a Juliana Martínez Franzoni y Corina Rodríguez Enríquez el taller sobre Género y Sistemas de Protección Social que realizó el PNUD regional en colaboración con el PNUD local y la OIT y que forma de parte de las actividades que el Sistema de Naciones Unidas realizó este año en Argentina para promover la agenda de los cuidados. “Desde el Área de Género del PNUD que coordino nos propusimos colocar en el centro de la agenda el tema de los cuidados y su organización y la carga total de trabajo de las mujeres –remunerado y no remunerado-. Se trata de un tema central en la agenda de la igualdad porque es central para la discriminación. Se entronca con la discriminación laboral y tiene efectos en la participación social, política y la violencia de género.” 

A su vez Martín Santiago –representante residente del PNUD en Argentina y coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en el país- destacó: “Los sistemas de protección social representan una estrategia fundamental para contribuir a la integración social, a la superación de las desigualdades sociales y a la reducción de la pobreza. Es por esto que resulta de suma importancia, que los mismos aborden de manera integral y transversal las desigualdades de género y que se encuentren articulados desde un enfoque de derechos humanos. Las desigualdades de género, producen brechas entre hombres y mujeres, que inciden de manera desfavorable para las mujeres, en la protección (por el menor acceso a la seguridad social desde el mercado de trabajo), en las condiciones de vulnerabilidad (por la asunción casi exclusiva de las responsabilidad es familiares) y en las posibilidades de inclusión (por el menor acceso a los recursos y al poder). Identificar y abordar estas brechas de género implica entre otras cosas: modificar el hecho que sean las mujeres  las principales responsables de las tareas de cuidado, realizar una estimación de los costos económicos que estas tareas implican, y reflexionar acerca de su relevancia para la reproducción social. Asimismo, es crucial plantearse la seguridad social como un derecho humano universal, y que no sólo se encuentre asociada a los aportes desde el mercado de trabajo o a los programas sociales”.

El taller dictado en Argentina forma parte de una estrategia regional del PNUD para instalar el tema en las agendas, para lo cual se establecen alianzas para la capacitación de actores locales claves. En este caso fueron convocadas para participar de la capacitación personas que trabajan en los ministerios de Trabajo, de Desarrollo Social, de Salud y del Consejo Nacional de las Mujeres. “El objetivo del curso fue desarrollar capacidades dentro de estos actores nacionales responsables del diseño de los sistemas de protección social para que éstos incluyan en el futuro el enfoque de genero” señala Alejandra García, asociada de género del PNUD local.

Cuidado infantil

Otra de las acciones de la ONU en Argentina durante el 2012 para promover el tema fue la publicación del libro Las lógicas del cuidado infantil- Entre las familias, el Estado y el mercado, editado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES). Se trata de una publicación focalizada en uno de los aspectos centrales del cuidado –pero no el único-: la responsabilidad sobre niñas y niños.

El tema del cuidado ha sido, y continúa siendo, un nudo crítico en la construcción de desigualdades de género –señala Eleonor Faur, una de las autoras y compiladoras del libro y oficial de enlace de UNFPA en Argentina-. Durante décadas, esta actividad fue prácticamente invisible en el diseño de políticas públicas, en tanto se presuponía como una actividad que sería asumida en el ámbito doméstico, por parte de las mujeres. Sustentado en el mito del ‘instinto maternal’, el cuidado de los niños quedó amparado por el trabajo cotidiano y silencioso de las madres, constituyéndose en el imaginario colectivo como un rasgo característico de la figura del ‘ama de casa’ y la razón de su confinamiento en el espacio doméstico, privado.” Consultada sobre el vínculo entre la corresponsabilidad familiar y la autonomía de las mujeres, Faur observa: “No creo en una ecuación simplista del tipo ‘menos responsabilidades de cuidado, más autonomía’. El problema reviste una mayor complejidad, en tanto la autonomía femenina puede suponer tanto la necesidad de disponer de más y mejores servicios para des-familiarizar el cuidado, como también la de disponer de mayor tiempo para poder realizar tareas de cuidado familiar en momentos particulares. En todo caso, la autonomía de las mujeres se define y amplía en la posibilidad de elección, y en la garantía de igualdad de derechos entre géneros -pendiente en torno a esta agenda-: ¿En qué medida pueden las mujeres elegir cuál será la carga de tiempo que dedicarán a cada una de sus actividades? Considero que menos de lo deseable”. 

 Foto destacada: Tomada del ensayo fotográfico de Matías Bruno integrado en Las lógicas del cuidado infantil- Entre las familias, el Estado y el mercado.

Notas relacionadas:

“Los varones deben feminizar su biografía personal”

“Hay que poner la ética del cuidado como centro de los derechos humanos”