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De los libros a la realidad, con ganas de transformarla
9 agosto, 2013
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El estudiantado universitario encuentra en los proyectos de extensión una oportunidad para promover derechos y aportar a la eliminación de las desigualdades. Pero, a su vez, logra una formación integral y sensible que le permite poner en clave de duda la educación que recibe y el bagaje cultural con el que ha crecido. Un grupo de jóvenes santafesinos cuenta su experiencia.

vickyPor Victoria Rodríguez Hernando

COMUNICAR IGUALDAD- La juventud se moviliza constantemente frente a las injusticias y busca todas las herramientas disponibles para cambiar esas situaciones. Cuando se atraviesa la educación universitaria se abre también una gran posibilidad de transformación personal, profesional y social. En ese sentido, la Extensión Universitaria se ha convertido en el espacio por excelencia para que las casas de altos estudios se involucren en su rol social y para que el estudiantado pueda vivir experiencias movilizadoras que le permita formarse de manera integral.

Hay varios, diversos y combinados motivos que llevan a los chicos a acercarse a estos proyectos de extensión. En algunos casos visualizan que hay un vacío en la formación académica. Y, en base a una mirada distanciada de lo individualizado, la extensión se basa en ese trabajo ontológicamente colectivo que muchas veces no se da en la formación de grado”, analizó Fernanda Pagura, docente universitaria y una de las referentes del Programa Género y Sociedad de la Universidad Nacional del Litoral de la ciudad de Santa Fe, y agregó: “Entonces los jóvenes extensionistas se encuentran trabajando con un equipo de personas y formándose en una temática que no estaba en la currícula, que les permite resignificar lo aprendido en su profesión. Les permite repensar lo que han aprendido, ver que toma otro sentido. Y, sobre todo, aparecen nuevas preguntas que se tornan en la interpelación del propio conocimiento recibido”.

La responsabilidad de formar profesionales sensibles con su entorno es hoy tan importante como la calidad académica. En ese sentido, ciudades como Santa Fe –dentro de la provincia del mismo nombre, en Argentina- donde conviven casas de altos estudios con una gran diversidad de propuestas académicas son privilegiadas. De todas maneras es cada vez más habitual ver que son los propios estudiantes los que demandan esa oportunidad y que redoblan la apuesta proponiendo miradas transversales que apuntan a ampliar el acceso a los derechos. “Ante los jóvenes, los casos de injusticia operan con una fuerza inusitada, con un gran compromiso y con la necesidad de posicionarse ante eso. Entonces empiezan a poner en duda aquello que tenían como mochila prejuiciosa y que ahora ponen en clave de pregunta. ¿Cómo gesté esto y por qué me lo apropié de esa manera?”, indicó Pagura.

 

En este marco, la perspectiva de género aparece cada vez más en ese tipo de iniciativas. A veces de manera específica como puede ser en proyectos que aborden la prevención de la violencia hacia las mujeres o la igualdad de derechos para el colectivo de la diversidad sexual; y otras veces de manera latente, o casi invisibilizada, como iniciativas en los barrios que van mutando hacia alternativas que logran empoderar a las mujeres brindándoles herramientas para proveer alimento en el hogar o para identificar peligros en su entorno.

A pesar de esa diversidad en los enfoques hay un punto central que une las propuestas y es que la Extensión permite a la juventud universitaria ser protagonista de su formación y realizar aportes a la sociedad. 

Escuchar, mirar y pensarRH2

Conectate con Alto Verde es un proyecto de extensión en el que trabajan más de 80 estudiantes de diferentes universidades de la región. La propuesta se desarrolla en uno de los barrios más postergados de la ciudad de Santa Fe, un paraje sobre la laguna Setúbal en el que la gran mayoría de la población vive bajo la línea de pobreza. Se trata de una propuesta que surgió, primero, para ofrecer apoyo escolar a niñas y niños de la zona pero que fue mutando y adaptándose a las necesidades reales de esa población.

Los ejes dentro de Conectate con Alto Verde son ‘Educación no Formal’, ‘Manos a la Huerta’, ‘TIC’ y ‘Sanitario Ambiental’”, explicó Mariana Zilli –estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas– y agregó: “Los ejes se fueron desprendiendo uno de otro. Empezamos trabajando todos en educación no formal y a partir de eso empezamos a ver otras necesidades. Una de las propuestas fue que cada chico armara su huerta en un bidón para que se la pudiera llevar a su casa. Ésa fue la primera actividad de la que los chicos se apropiaron, se la llevaron a su casa y después la volvieron a traer. Eso era algo que hasta el momento no habíamos conseguido porque siempre trabajaban mientras nosotros estábamos ahí pero después no continuaban en su casa ni involucraban a su familia”.

Luciana Manelli, alumna de Ingeniería Ambiental, que también trabaja en el proyecto relató que a las pocas semanas de estar en el lugar detectaron que no era viable seguir con el apoyo escolar porque no era una necesidad. “De hecho había otras situaciones que eran mucho más urgentes como trabajar la autoestima y los valores de esos chicos que sentían que no servían para nada”, remarcó. Entonces decidieron comenzar de cero y escuchar qué era lo que la comunidad necesitaba para ver de qué manera ellos podía ayudarlos.

Una vez detectamos que las familias de Alto Verde estaban consumiendo agua contaminada. Entonces preguntamos ¿cuál es la solución? –contó Manelli– Y la solución era que el vecino tuviera agua potable pero la realidad era que eso no iba a pasar, por lo menos no en los plazos necesarios. Tampoco podía comprar agua embotellada porque no tenía los recursos. Entonces fuimos eliminando alternativas que no figuran en los libros. Eso hace que te plantees que no se puede simplificar, que la realidad siempre es mucho más compleja de lo que te enseñan y para poder transformarla hay que conocerla”. 

rh3Las jóvenes coincidieron en que cuando empezaron a encontrar cuáles eran los temas que realmente interesaban a las niñas y niños, lograron que se sumaran también sus madres, lo que les permitió abrir otras líneas de trabajo muy importantes.

Así, además de la huerta que permitió que las mujeres del hogar también puedan proveer el alimento a la mesa, surgieron líneas de trabajo en el dispensario del barrio. “Mientras las mamás esperan a que atiendan a sus hijos, nosotros charlamos con ellas, de manera individual o en grupos de dos o tres, y les contamos cómo prevenir algunas enfermedades o a qué síntomas deben estar atentas”, relató Zilli y siguió: “Con el tiempo nos dimos cuenta de que estaba teniendo resultado porque la doctora de la salita nos dijo que había mamás que iban a consultar apenas veían los síntomas. Eso evitaba que la enfermedad sea detectada cuando ya estaba avanzada y el chico debiera ser internado. Para nosotros fue muy satisfactorio”. Pero volvió a insistir con la necesidad de proponer cuidados acordes a la realidad del barrio.

Empoderar y brindar herramientas

Cada vez más los proyectos de extensión incorporan la perspectiva de género en sus planteos y muchos apuntan directamente a lograr transformaciones en la vida de las mujeres. En parte por la visibilidad que esas problemáticas están teniendo en la agenda pública, pero también porque sigue siendo un sector sobre el que las propuestas no abundan.

Emmanuel Theumer, estudiante del Profesorado de Historia, trabaja en los proyectos de extensión Diversidad Sexual y Derechos Humanos y El derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. En el primero se aborda la promoción de derechos y la prevención de la discriminación del colectivo LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex), considerando especialmente el derecho a la educación, a la salud y el acceso a la justicia; y en el segundo, la labor se encara a través de talleres, juegos y propuestas artísticas con mujeres en situación de vulnerabilidad para la promoción de derechos y la prevención de la violencia en sus distintas manifestaciones.

Lo que me interesa en ambos proyectos es la posibilidad de repensar la articulación interconstitutiva entre la academia y otros saberes experienciales, reflexivos. Esas propuestas, en definitiva, son un claro cable a tierra que fisura la burbuja académica. No es que la calle, el barrio, la ONG vendrían a garantizar una posibilidad de ver mejor sino que el trabajo diario ponía de relieve el papel clave de otros modos de resolución de conflictos y la incapacidad académica para dar cuenta de los mismos; y eso entraba en tensión todo el tiempo en temáticas específicas que partían de considerar el derecho a decidir sobre el propio cuerpo”, evaluó Theumer.

A lo largo de ese trabajo, indicó que ha podido palpar cambios en los sectores con los que trabajó y, en particular, en las mujeres que participaron. “No trabajamos solo con mujeres pero sí es cierto que, en muchos casos, fueron la mayoría. Como aportes pienso que contribuimos a abrir sus posibilidades de resistencia a la coerción heteropatriarcal que signa la vida cotidiana. Eso se hace evidente en pequeños ejemplos como las estrategias para efectivizar una denuncia, la información sobre derechos consagrados, referencias escritas a estudios y legislaciones específicas. En ese sentido, también constituye un esfuerzo transversalizar problemáticas de género con otras modalidades de opresión, que nos sitúan de manera diferencial. Esto también en parte permitió conectar estas luchas con otras problemáticas por ejemplo las vinculadas a la marginalidad, la pobreza y la discriminación racial”.

Por su parte, María Paula Spina –estudiante de Abogacía que participa de proyectos como ¿De qué se trata la trata? y otro sobre Parto Respetado en el vh4hospital Juan Bautista Iturraspe de la ciudad de Santa Fe– habló de la importancia de haber encontrado un espacio en el cuál canalizar el deseo de aprender más sobre determinadas temáticas y poder aportar soluciones a las realidades de la región. “Muchas de estas propuestas, sobre todo las que refieren a la problemática de la trata de personas y las de diversidad sexual, surgieron a partir de la inquietud que teníamos un grupo de estudiantes y docentes de trabajar sobre las mismas. Por ello los proyectos de extensión fueron producto de aquellas problemáticas que nos inquietaban, nos sensibilizaban, y por las cuales queríamos hacer algo”, contó.

Tras años de trabajar en Extensión, la joven valora muchísimo lo que la experiencia ha significado. “Creo que el mayor aporte que dan estas propuestas es la oportunidad para las mujeres con las que trabajamos de poder asumir nuevos roles, de poder visualizarse a sí mismas como sujetos de derechos. Es un espacio en el cual tienen voz, capacidad de proyección, y donde hay otro dispuesto a escucharlas y a construir junto con ellas las soluciones para sus problemas. Creo que, además, suele ser muy importante para aquellas mujeres, muchas veces postergadas, excluidas e invisibilizadas, el hecho de sentir de que hay otras personas, que hay instituciones interesadas por su realidad y dispuestas a trabajar con ellas. Pienso que la extensión es un modo de que estas mujeres puedan conocer cuáles son sus derechos y como ejercerlos. Y otro aporte que es muy importante es que estos proyectos generan espacios de circulación de la palabra que permiten a las mujeres poder escuchar, ser escuchadas, compartir experiencias y construir conocimientos con sus pares”. 

Mejores profesionales y ciudadanos

La perspectiva de género es una materia pendiente aún en las universidades. Si bien en los últimos años se ha logrado abrir el debate y el tema se ha permeado en algunas cátedras aún se está lejos de pensar una currícula que visibilice las desigualdades y proponga una reflexión profunda hacia cambios reales. De todas maneras, mucho del camino recorrido se ha hecho en base a la tracción de iniciativas que llevaban el debate a la calle a través de propuestas de extensión.

Estoy convencida que desde la Extensión hemos interpelado a la docencia y a la investigación, gestando espacios nuevos. En algunas materias hemos gestado la inclusión de contenido de género en su delimitación temática y en las investigaciones ya empezamos a ver que empieza a aparecer de manera explícita la voluntad del investigador de trabajar desde una mirada de género”, señaló Fernanda Pagura.

Y agregó: “La extensión es una de las tres funciones o prácticas que consolidan la universidad pública en la Argentina. Pero a lo largo del siglo XX se le reconocen distintos significados y lo cierto es que en la última década se empieza a plantear, por lo menos desde la Universidad Nacional del Litoral, una mirada muy política de la extensión universitaria recuperando un sentido vinculado al compromiso social de la universidad. Es decir, pensarse como un actor político y social con posibilidades reales de aportar para la igualdad y, en nuestro caso, para la justicia de género”.

rh1Para la juventud universitaria, la posibilidad de participar de propuestas de extensión es, también, una oportunidad de realización y aprendizaje personales. En ese sentido María Paula Spina señaló: “La discriminación y la violencia de género son temas que me movilizan mucho, y por los cuales creo que debemos trabajar. A su vez, estoy convencida de que es una batalla esencialmente cultural, por lo tanto se puede cambiar. Y qué mejor que emprender esta lucha a través de la extensión, es decir a partir de la construcción colectiva del conocimiento. Creo que esta herramienta tiene un valor agregado que es la responsabilidad con la cual son planteados los proyectos, la duración en el tiempo, la pluralidad de actores que intervienen y eso lo diferencia de otras intervenciones que realizan otros sectores que suelen ser acciones limitadas que no se sostienen en el tiempo”.

Por su parte, Emmanuel Theumer analizó que “la Extensión permite repensar de otro modo la construcción de saberes, un aspecto que nos lleva de inmediato al terreno epistemológico y el tradicional desdoblamiento entre sujeto y objeto”. Y Luciana Manelli añadió: “Creo que la Extensión te abre mucho la cabeza a cómo se deben encarar las situaciones. Primero hay que mirar y escuchar y después proponer una solución. Porque la universidad te prepara para que vos tengas siempre respuestas y las pienses en condiciones ideales. Vos te sentás con tu libro y tenés todo, tiempo, materiales, todo lo que necesites. Pero la vida real no es así”.

Uno se plantea cuál es el saber científico. ¿Cuáles son los saberes que uno tiene que aprender, desarrollar o tener dentro de la universidad que no pueden desarrollarse en otro lado? La universidad te forma de tal modo que te recibís y pensás que vas a la fábrica y todo va a salir derecho. Pero la realidad es que la profesión debe pensarse en función de cuáles son las necesidades del pueblo. Creo que la extensión universitaria  en su complejidad tiene que ver con eso, con estudiar las problemáticas vivas de la sociedad y para conocer esas realidades hay que vivirlas. Hay que ir a los lugares donde se necesita que estemos”, continuó Mariana Zilli.

Sin dudas, la juventud que se compromete con la extensión suma un plus a su formación que los acerca no sólo a ser mejores profesionales sino también a convertirse en ciudadanos conscientes de sus derechos. Lo primero que aparece es el fortalecimiento en su propio ejercicio de su ciudadanía. Y eso no es menor porque para pensar en profesionales comprometidos en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos lo primero que deberíamos estar garantizando es que en el ámbito de sus vidas privadas sea un ejercicio en plenitud. Eso también fortalece a un futuro profesional comprometido con la temática”, indicó Pagura.

Este artículo es parte del proyecto Relatos sobre jóvenes, realizado por la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert.