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Educación: la clave para la sensibilización en género
31 julio, 2013
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El contexto nacional de la República Argentina, con una democracia que lleva 30 años consolidándose en el país, y ante un modelo político que ha puesto en agenda los derechos humanos en general, trae como consecuencia una camada de jóvenes con grandes inspiraciones de militancia, que sueñan con transformar la sociedad. Las carreras universitarias influyen fuertemente en el modo de pensar ese proyecto de sociedad que aspiran dejar como legado para las futuras generaciones.

garibotto fotoPor Cynthia Garibotto

COMUNICAR IGUALDAD- Sin lugar a dudas, la formación que recibimos desde el jardín de infantes, pasando por la escuela primaria y el colegio secundario, además de la educación en nuestros hogares, va calando profundo en las identidades de la juventud, dejando huellas  que en el futuro se convertirán en las convicciones, en el modo de pensar y en las aspiraciones de lo que pretendemos ser y hacer en nuestras vidas.

La educación universitaria, para quienes acceden a tenerla, se presenta como una instancia clave para el desarrollo del pensamiento, para concebir una mirada crítica ante la sociedad, ante las problemáticas sociales, y nos genera un punto de vista diferencial ante cada situación que se presenta a nuestros ojos. De este modo, el tipo de carrera universitaria que se elija, sea que pertenezca a las denominadas ciencias “duras” o “blandas”, puede influenciar en el modo de pensar y sensibilizarse respecto a los derechos humanos en general, y de género en particular.

En el marco de un relevamiento realizado en la sede Trelew de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, se entrevistó a diversos dest1garib(BBBB)alumnos y alumnas pertenecientes a tres carreras distintas: economía, abogacía e historia. La primera de ellas, clasificada como ciencias “duras”, la segunda ya en un ámbito de ciencias sociales aunque con una tradición muy conservadora, y la tercera –historia-, netamente entre las ciencias “blandas”.

Cabe distinguir entre tres grupos de estudiantes que se diferencian a simple vista: están aquellos y aquellas que militan dentro de algún tipo de agrupación política con objetivos amplios que abarcan a la sociedad en su conjunto, quienes militan al interior de alguna agrupación estudiantil con el sólo fin de hacerlo por los derechos de los y las estudiantes sin ir más allá del contexto universitario, y quienes no tienen ningún tipo de militancia.

De este modo, según el grupo al cual pertenezcan, tanto por su involucramiento con la militancia o no, como con la carrera universitaria en la cual se están formando, puede variar la visión que tienen respecto a los derechos de las mujeres, de los estereotipos de género, la maternidad y paternidad, los roles de género, respecto de la práctica del aborto, entre otras cuestiones, y esta variación es tan amplia que va desde el desconocimiento absoluto de lo que significa en sí la terminología “género” y “patriarcado”, pasando por un fuerte compromiso con la lucha por la equidad de géneros, hasta el repudio absoluto hacia la práctica del aborto.

Un dato no menor, que surge del análisis de las entrevistas, es que a nivel discursivo los varones manifiestan algunas cuestiones que van en línea con los derechos de las mujeres, con el reconocimiento y la valoración hacia el género femenino. Sin embargo, indagando un poco más, en cuestiones particulares y ejemplificaciones, se puede observar que aquello que dicen en lo discursivo lo manifiestan como lo “políticamente correcto”, pero por alguna tangente se escapan preconceptos y marcas que deja la cultura patriarcal sobre ellos. Así, por ejemplo, un estudiante de Economía, muy involucrado con la militancia política, presidente de la Federación Universitaria Patagónica (FUP), institución que cuenta con una Secretaría de Géneros que organiza múltiples actividades y fomenta el empoderamiento de las mujeres, cuenta con un discurso aceitado con perspectiva de género, aunque a la hora de imaginarse en un futuro rol de padre, considera que la madre tiene un vínculo diferencial con el bebé, una especie de “instinto maternal” que la diferencia de los hombres, sin percibir que se trata de una construcción histórica y cultural de larga data.

Estas cuestiones que se han observado en el caso de los varones entrevistados, no se percibieron en el caso de las mujeres, quienes independientemente del lugar de militancia que adquieren, pueden diferenciar aquello que nos es impuesto como una construcción histórico cultural, como algo que tradicionalmente ha sido así, aun cuando no sepan identificar en términos conceptuales que forma parte del sistema patriarcal que hemos recibido como legado.

dest2gari2Apertura intelectual

La ciudad de Trelew, al sur de la República Argentina, es parte de una provincia catalogada como progresista, siendo pionera en materia de implementación por ley de un protocolo de atención para casos de aborto no punible; tiene una única universidad nacional que se ha manifestado a favor del acceso al aborto mediante su Consejo Superior; y un Poder Ejecutivo a cargo de Martín Buzzi, quien creó la Dirección de Equidad de Género y en su primer mes de gestión anunció la creación de un Observatorio de Género para delinear un mapa de la problemática y así poder crear políticas públicas acordes.

Paz Escobar, docente de Historia y Ciencias Sociales, y de Filosofía en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, e integrante de la Cátedra Abierta de Género, fue consultada respecto de su visión sobre el alumnado, la militancia y la sensibilización o no con temáticas de género.

En este sentido, Escobar analizó que aquellas personas que militan tienen mayor apertura e interés por las cuestiones que se plantean con una mirada de género y reconoció que entre quienes no militan en ningún tipo de agrupación, los varones son más reticentes al menos a participar en las actividades ligadas a la temática.

“Con respecto a mis estudiantes en particular, hay como dos grupos, los que tienen cierta trayectoria militante, ya sea en alguna organización o en cuestiones de género, que tienen una perspectiva interesante, tienen una posición, escuchan y están abiertas y abiertos, hay interés y formación pero también apertura a las opiniones de otras personas que tienen una posición distinta o que no tengan posición”, mientras que “otro grupo sería el de las personas que no vienen de la militancia o que no les interesa ninguna praxis colectiva, se da la particularidad en esta Universidad que hay gente adulta, hay abuelos, entonces las discusiones son bastante heterogéneas. Por lo menos hasta ahora, no sé si es por mi posición de docente, pero son bastante abiertos y abiertas a las nuevas lecturas”, indicó la docente.

Consultada particularmente sobre los y las docentes de la carrera de Abogacía, Escobar afirmó que “lo que nos cuentan las compañeras que están en la Cátedra es que de parte de los docentes hay una bajada de línea que tiene que ver con las leyes y los derechos de las mujeres, a decir cuestiones bastante retrógradas para mí, las dicen y no habilitan la discusión, o bien el silencio absoluto del tema” y agregó que “ellas cuentan que hay una generalización bastante masculina de los temas, además acá es una carrera bastante jerárquica y en esa jerarquía que se reproduce en las aulas mismas, ahí el poder se presupone masculino”.

Una posible conclusión de estas primeras aproximaciones al tema, podría ser que quienes tienen mayor formación respecto de temáticas de género, ven la inequidad como problemática y como causa por la cual luchar para construir una sociedad mejor; en tanto quienes militan pero sin tener una visión integral de la comunidad, consideran que los avances de la mujer han sido muchos y que hoy en día no hay diferencia entre hombres y mujeres.

Por lo tanto, la educación se presenta como una necesidad para poder comprender mejor la sociedad actual, para conocer el legado del patriarcado y poder combatirlo, para comprender fenómenos que operan hoy en nuestras comunidades y que nos dejan graves secuelas como índices alarmantes de violencia hacia las mujeres en todas sus facetas. Comenzar por incorporar nociones básicas de género en todas las carreras universitarias, sería un gran paso en la formación de las y los futuros profesionales.

Este artículo es parte del proyecto Relatos sobre jóvenes, realizado por la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert. 

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