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El éxito de Cincuenta sombras de Grey: claves de lectura
18 febrero, 2015
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Si bien 50 sombras de Grey es promocionada como una saga erótica –primero en literatura y ahora en cine-, también es posible percibirla como una trilogía que bucea en las relaciones amorosas desde un punto de vista femenino. Esta es la tesis de la socióloga marroquí Eva Illouz, plasmada en su libro Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo orden romántico, y cuyo punto de vista es reseñado en el siguiente artículo por Claudia Laudano, investigadora en medios y cultura en la Universidad Nacional de La Plata y la Universidad Nacional de Entre Ríos.

Por Claudia Laudano

COMUNICAR IGUALDAD– “Cincuenta sombras de Grey representa el triunfo final en la cultura de un punto de vista femenino, preocupado por el Erotismo de autoayuda   La Mareaamor y la sexualidad, por las emociones, por la posibilidad (o imposibilidad) de formar lazos amorosos duraderos con un hombre, y por el entrelazamiento del dolor y el placer en las relaciones sexuales y románticas. Así entiende Eva Illouz el éxito de la novela en su ensayo Erotismo de autoayuda. Cincuenta sombras de Grey y el nuevo orden romántico (2014). El estreno tan promocionado de la primera película sobre la trilogía volvió a posicionar la discusión en el tapete mediático y en los foros de debate en internet en torno a las preferencias de las lectoras por esta narrativa con componentes sadomasoquistas.

La trama argumental

Popularizada como novela de pornografía soft; no obstante, en el desarrollo narrativo de los tres volúmenes prevalecen, de modo gradual, los rasgos de una novela romántica y pierden espacio los componentes BDSM (bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo), hasta incorporarse como prácticas aisladas en la feliz vida familiar de la pareja, legalmente constituida, con un hijo, y una hija en camino.

La historia inicial se centra en el vínculo que entablan la ingenua Anastasia Steele, una joven universitaria estadounidense de 21 años, virgen, quien no ha experimentado el autoplacer sexual (¡en un país con varias oleadas feministas!), y Christian Grey, un millonario exitoso de 27 años, atractivo, controlador, quien inicia a Ana en las relaciones sexuales y le propone prácticas sadomasoquistas, bajo un pacto de confidencialidad que ella acepta. Esto limita a la protagonista para compartir sus experiencias con personas de su entorno cercano, a la vez que constituye un guiño de complicidad con la lectora, quien resulta depositaria privilegiada de sus dudas y sentimientos encontrados. Grey también propone un contrato fuera de lo común, con reglas taxativas referidas a pautas de alimentación, vestimenta, higiene y belleza, descanso y prácticas sexuales, que son parte de una negociación, acorde la voluntad de la protagonista. Aunque queda sin firmar; el contrato opera como un marco regulatorio consensuado de las relaciones sexuales, con límites definidos y posibilidades de suspender las prácticas ante cualquier requerimiento.

Un giro significativo corona el final del primer volumen. La protagonista se niega de forma tajante a continuar con las prácticas sadomasoquistas que satisfacen las necesidades de Grey, pero ocasionan profundo dolor y malestar en ella. Esta decisión de renunciar al rol de sumisa, desde una posición de autoafirmación, inaugura en la narrativa la entrada de las relaciones basadas en el amor mutuo, con pedido formal de casamiento por parte de Grey, quien se transforma en un enamorado romántico y protector, que sigue controlando a Ana mediante diferentes dispositivos tecnológicos. Con el transcurrir de las páginas, se configurará una familia a la usanza tradicional, con hijos, donde el amor será el elemento sanador del drama infantil que ocasionó las cincuenta sombras que atormentan a Grey. En el medio, continúan las relaciones sexuales placenteras, consensuadas, con dispositivos y ‘juguetes’ vinculados al sadomasoquismo que incrementan el placer y el deseo mutuo. Vicisitudes varias aparecen en la vida de ambos personajes, a modo de obstáculos que, por momentos, perturban la relación idílica sin llegar a desestabilizarla.

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El lugar de las prácticas BDSM en la ficción

Si los best sellers ostentan la capacidad de articular valores, actitudes, fantasías e incluso inquietudes que hacen sentido en las experiencias colectivas en determinada época y lugar, podría plantearse que esta novela, con componentes eróticos sadomasoquistas tanto como románticos, resulta significativa para las lectoras en la medida que contribuye a dar forma a interrogantes y desafíos en torno a las relaciones  emocionales entre hombres y mujeres formulados de manera imprecisa en la cultura, a la vez que ofrece formas concretas para resolverlos.

En tal sentido, Eva Illouz, profesora de la Universidad de Jerusalén, estudiosa de las relaciones afectivas modernas en clave sociológica (publicó Por qué duele el amor en 2012), postula que esta trilogía “presenta muchas de las aporías de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres ” que viven bajo las condiciones románticas actuales, vinculadas con las incertidumbres y las ambivalencias de las reglas para negociar el compromiso, el amor y el deseo heterosexual en las interacciones emocionales.

Para la autora, la relación sadomasoquista constituye “a la vez una solución simbólica y una técnica práctica para superar esas aporías”; en tanto permite, por un lado, estabilizar las indeterminaciones en el campo emocional mediante roles y posiciones sexuales definidos, bajo un carácter lúdico. En la ficción, la autonomía de ella y la fuerza de él crean cada una el deseo en el otro, y la sumisión de uno a la voluntad del otro genera más autonomía y más deseo. De ese modo, a través de los personajes actúan la fantasía de que la lucha por el poder y la autonomía no entra en conflicto con el deseo sino que lo genera.

Por otro lado, la novela facilita a las lectoras formas posibles de mejorar su placer sexual, mediante un menú de consejos y descripción de “juguetes” sexuales, algunos disponibles desde hace tiempo en sex shops, reuniones de “tuppersex” y catálogos en internet. Allí radicaría su carácter de autoayuda, como otros materiales de la industria cultural diseñados para mujeres (revistas “femeninas”, manuales, programas radiales y televisivos de entrevistas y talk shows), cuya capacidad real o imaginaria de producir cambios genera una cuota considerable de placer que reduce las ansiedades ante los enigmas cotidianos.

Dentro de la tradición de las novelas románticas, la trilogía de las Cincuenta sombras ocupará un lugar destacado para las lectoras del género, potenciado por su circulación digital; al mismo tiempo que seguirá generando discusión pública la noción provocadora de que, en parte, las mujeres actuales disfrutan con prácticas sexuales vinculadas al dolor, aunque más no sea en el orden de la ficción.