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“El femicidio es un problema cultural”
20 septiembre, 2012
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El 3 de octubre sería tratado en el Senado un proyecto de feminicidio que si bien crea una figura autónoma para los asesinatos de personas debido a su orientación sexual, no difiere sustancialmente en lo demás del proyecto que tiene media sanción de la Cámara Baja desde abril de este año. Un panel convocado por el INADI debatió las características de ambas propuestas pero coincidió en la necesidad de que salga urgentemente una ley sobre el tema y a la vez en que la norma penal no es suficiente para lograr las transformaciones culturales necesarias para erradicar la violencia de género.

Por Sandra Chaher

COMUNICAR IGUALDAD- “Tanto el femicidio como la violencia de género son temas  exclusivamente ideológicos. Cada vez que se comete una barbaridad se la trata de justificar ‘en nombre de’, como la Inquisición. Y no puede significar nunca un atenuante para estos delitos el haberlos cometido en nombre de algo fue terminante el juez federal Carlos Rosanksy, uno de los integrantes del panel.

El resto de las personas disertantes convocadas por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) para debatir sobre el feminicidio fueron Lilian Herrera Mármol –integrante de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG), Oscar Albrieu -diputado nacional que preside la Comisión de Legislación Penal-, Silvia Lommy -integrante de la Asociación Civil La Casa del Encuentro-, Julia Contreras – Directora de Promoción y Desarrollo de Prácticas contra la Discriminación del INADI-, Cecilia Lipszyc – coordinadora del Area de Género del INADI- y Pedro Mouratian –interventor del INADI-.

“El aporte del discurso político feminista en este tema es la denuncia de que los homicidios se podrían evitar, que son el resultado del crescendo sin control de una violencia de género que se basa en la desigualdad entre mujeres y varones y en el sentido de propiedad de lo masculino sobre lo femenino” señaló en su intervención Julia Contreras. Cecilia Lipszyc aportó que el término femicidio es desde su punto de vista “una herencia del patriarcado. Se hizo una traducción literal del inglés y se basa en el homicidio, que proviene del latín ‘homo/varón’ y ‘cidium/acción de matar’. La palabra mujer es fémina, con lo cual debería haberse dicho feminicidio. A mi me produce emoción violenta que las feministas no hayan visto que copiaban una palabra del patriarcado como matar a un hombre para mostrar que se mataba a una mujer. Marcela Lagarde pone más en valor la palabra feminicidio, en función de la experiencia espantosa de Ciudad Juarez, usa feminicidio para cuando el Estado no sale en defensa de estas mujeres asesinadas, y lo asimila al genocidio. El feminicidio es algo que sucedió toda la vida y ahora lo sabemos. Durante la inquisición mataron 6 millones de mujeres incendiadas y eso me hace pensar muchísimo, y no tengo respuesta, en los crímenes que se comenten ahora quemando mujeres.”

El diputado Oscar Albrieu señaló que “estos encuentros son pequeños grandes pasos en visibilizar el problema. La historia en Occidente se remonta a la Edad Media y quizás antes pero permaneció oculta, y es reciente su exposición. Hoy la tarea del ocultamiento tiene formas como hablar de crímenes pasionales o arranques de locuras, lo cual oculta el entramado social y cultural que hay detrás de este tipo de violencia. El varón tradicionalmente sometió a la mujer y la violencia es quizá la herramienta más eficaz para mantener esta dominación”. En relación al proyecto de ley de feminicidio que está en tratamiento en el Parlamento, como ex juez del fuero penal observó que “el castigo penal es una herramienta mas pero no siempre la más efectiva para evitar actos de violencia como éste, y no produce un cambio cultural como el que debemos propiciar en nuestra sociedad. Por el contrario, tiene poca efectividad y un grave problema: es fácilmente aplicable y no requiere dinero, con lo cual las leyes salen fácilmente. Con lo cual producen la falsa ilusión de que el problema esta resuelto. Pero quienes somos o fuimos jueces penales sabemos que el problema subsiste, por eso es bueno que se siga insistiendo en el cambio cultural”.

Silvia Lommi, psicóloga, se refirió a casos particulares para mostrar todo lo que hace falta hacer cuando una mujer es víctima de violencia de género o de feminicidio y que superan los contenidos del proyecto en tratamiento. “Estamos trabajando entre otros el caso de Romina, de Benavidez, a quien en agosto su ex pareja le mató a la abuela, la hija y la hermana. El primer día que sucedió el hecho estuvo el Estado, la prensa y luego desaparecieron y ella me decía si nadie pensaba que tiene otra nena, que no tiene recursos porque vivía en la casa de él, que perdió todas sus pertenencias y no tiene trabajo. Por eso estamos pidiendo subsidios para estos casos. O los chicos que quedan huérfanos cuando la madre es asesinada y son distribuidos entre varias familias, se quedan sin recursos. Por otra parte, las cifras de feminicidios que nosotras recogemos no refieren a la realidad. Hay una cantidad enorme de muertes silenciosas: mujeres que mueren como consecuencia de una vida de violencia pero que es muy difícil hacer la relación con el violento que vivió con ellas; o los suicidios inducidos: hace poco hubo en Rosario una chica de 17 años que se pegó un tiro y parecía un suicidio, pero investigaron los familiares y se descubrió que vivía en una situación de extrema violencia, había sido abusada por el padre, él la había golpeado delante de sus compañeros, la llevó a la comisaría y exigió que se le hiciera una revisación ginecológica porque decía que había tenido relaciones sexuales. Y muchas mujeres internadas graves por situaciones de violencia pero que mueren con diagnóstico de paro respiratorio. Con lo cual el debate sobre si aumentan o disminuyen los femicidios es relativo. Aunque yo creo que aumentan.

Herrera Marmol dejó de manifiesto el agrado de la CONSAVIG con el proyecto que tratará el Senado ya que contempla la figura del feminicidio como delito autónomo, aunque no lo llame como tal. La importancia de esto la situó en “las dificultades que conllevaría probar el odio de género como agravante nada más”. Y delineó las otras áreas de aplicación de la Ley 26485 en las que está trabajando la CONSAVIG: “Tenemos elaborado un proyecto para trabajar con la reforma que se está haciendo del Código Civil, que establece que el acusado por delito de femicidio no sea sometido a juicio para evaluar si puede ejercer o no patria potestad, sino que le corra automáticamente la figura de privación de la misma. Y que cuando sea condenado, la privación también sea automática, sin nuevo juicio en sede civil. Y estamos trabajando también en posibilidad de que los hijos de las víctimas cuenten con una asignación inmediata, algo similar a la Asignación Universal por Hijo, ya que se convierten en personas altamente vulnerables, muy expuestas”. 

A su turno, Rosansky se detuvo en una interpretación de los índices actuales de feminicidios como una ola reaccionaria: “Estamos en una etapa de cambio, y todo avance social genera una reacción, de ahí termino reaccionario. Pero no hemos logrado aún como sociedad dar una respuesta adecuada a las reacciones violentas que esos avances han generado. Son las reacciones de los que pierden poder. Ahí hay una enorme deuda cultural”– y contextualizó la violencia de género en el pasado social violento del país: “En los 70’ fuimos victima de un genocidio como nación y eso generó marcas muy fuertes que incluyen la dificultad de dar respuesta adecuada a muchas cosas. El terrorismo de Estado logró disminuir la posibilidad de empatía entre nosotros, de sensibilizarnos ante la injusticia. Y la violencia de género está en medio de estos procesos. Luego agregó: “La historia de las mujeres es de impunidad. No existe reproductor más fuerte de la violencia que la impunidad. Es cierto que una cultura machista y discriminatoria genera violencia, pero la impunidad frente a eso genera más violencia. Esto debe ser el motor para entender los hechos, las reacciones, y las interpretaciones que hace el Estado. Todo lo que está sucediendo es cultural”.

En relación a los proyectos de feminicidio en tratamiento en ambas cámaras, como integrante de la CONSAVIG Rosansky manifestó su acuerdo con la necesidad de que exista una figura autónoma para hablar del asesinato de mujeres por razones de género: “La argumentación es práctica –explicó-. El derecho es dogmático y los jueces y abogados también. Cuando se pone el femicidio como agravante, que es el proyecto aprobado por Diputados, puede ser muy buena la intención del legislador pero está atravesado por cuestiones ideológicas. Por eso, la figura autónoma obliga al juzgador a tener una mirada de género desde el comienzo, y eso está faltando”.

Proyectos en debate

Ambos proyectos –en Diputados/as y Senadoras/es– buscan sancionar el delito del asesinato específico por razones de género en el marco de relaciones de pareja y el asesinato de aquellas personas a quienes el feminicida mata para causar sufrimiento a la mujer con la que tiene una relación emocional. Un caso paradigmático de este tipo es el asesinato de Tomás Damero Santillán, de nueve años, en marzo del 2012 en la ciudad de Lincoln, por parte de la nueva pareja de su mamá.

Además de la diferencia entre la creación de una figura autónoma (proyecto con dictamen del Senado) y la inclusión del hecho como agravante del homicidio (proyecto con media sanción de la Cámara de Diputadas/os), aparecen otros aspectos divergentes entre ambas propuestas: en relación a los victimarios, el proyecto de la Cámara Baja se refiere –además de ascendiente, descendiente, cónyuge, excónyuge, conviviente o exconviviente como el del Senado- a las personas con quienes se mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia, lo cual incluiría por ejemplo a novios; y sobre los atenuantes: si bien ambos proyectos eliminan los atenuantes en caso de que el homicida haya realizado actos de violencia contra la víctima en el pasado, el del Senado agrega también si esta violencia hubiera sido cometida contra otra/as mujeres o personas que se autoperciban con identidad de género femeninas.

Lo ideal sería que si el proyecto es aprobado el 3 de octubre en el Senado como salió de comisiones, cuando vuelva a ser tratado en la Cámara Baja se haga una síntesis de ambas propuestas en sintonía con la mayor protección de los derechos de las mujeres. Sobre lo que pareciera no haber ninguna duda entre ambas Cámaras es en la necesidad de incorporar estos agregados al Código Penal y tipificar de forma específica el asesinato de personas por razones de género, con lo cual es bastante probable que quizá antes de fin de año Argentina se sume a los países de América Latina que ya tipificaron el feminicidio entre sus normas legales.