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22 julio, 2014
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Un funcionario del gobierno porteño es uno de los tantos varones -públicos y no tanto- denunciados por abuso sexual ante la justicia y que lograron que ésta los sobreseyera, desoyendo el relato de niñas y niños. 

Por Mariana Fernández Camacho

COMUNICAR IGUALDAD- Profesional ella, profesional él —hoy, ocupando un importante cargo en el gobierno porteño y con alta exposición mediática—. Casados. Con una hija de tres años y medio y buscando al hermanito. En ese contexto, S. recibió el “toque de gracia” una tarde mientras las dos miraban una película: “Mi papá se tira encima mío y se mueve mucho, pero me dijo que no contara nada”. El infierno mismo todavía no se había hecho carne cuando la niña ya pensaba una estrategia: “Mamá, tengo una idea. Vamos a poner un cartelito que diga que no hay que tocar a las nenas, así cuando papá vuelva del trabajo y lo lea va a darse cuenta que no tiene que tocar más”.

Al otro día, S. llevó a su hija a la pediatra, quien notó irritación en la zona vulvar y la derivó a una psicóloga. Tras la entrevista, la licenciada recomendó iniciar acción judicial y que el progenitor no volviera a tener contacto con la nena por considerar validado el abuso sexual. Más tarde elevaría un informe al Juzgado Civil de Primera Instancia Nº 88, en ese momento a cargo del Dr. Hernán Lorenzo Coda, señalando que el relato de la menor era “consistente y confiable”, con un detalle de la sintomatología evidenciada compatible al abuso: masturbación compulsiva, pesadillas, temores nocturnos y crisis de angustia que disminuían cuando se consignaba el no contacto con el papá, entre otros.

En los informes de la causa de S. se habla, sin embargo, de parentectomía: término quirúrgico para aludir a la mamá mala que quiere extirpar al papá bueno. Y las pericias del Cuerpo Médico Forense concluyeron que no existían tales pruebas de victimización sexual en la niña y que en realidad todo tenía que ver con que el matrimonio se había distanciado desde el nacimiento de la menor y la denuncia le permitía a S. concretar la disolución de la pareja sin asumir responsabilidades en la degradación del vínculo. Parece un chiste, pero este zafarrancho está escrito.

Pasaron ya diez años y el último gran zarpazo llegó en noviembre de 2013, cuando el Juzgado Nacional de 1era Instancia en lo Criminal de Instrucción Nro 4 (Secretaría 113), con firma del Dr. Rodrigo Pagano Mata, resolvió el sobreseimiento del implicado haciendo especial hincapié en que “la formación de la presente en nada afecta el buen nombre y honor del que hubiera gozado”. Otra vez, el ninguneo y el peligro de una revinculación forzosa más latente que nunca.

En mayo de este año, el juez federal Carlos Rozanski participó como expositor en la jornada “Abuso Sexual Infantil. Falso síndrome de alienación parental, violencia institucional y derechos vulnerados” que se desarrolló en la Cámara de Diputados, y fue contundente: “Cuando los jueces tienen prejuicios hacen ‘razonamiento inverso’. Es decir, toman la decisión y después descalifican las pruebas que van contra lo que ya decidieron y apoyan lo que les sirve”.

Nota central:

Falso SAP: violencia institucional y mucho más.

 

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2 comments

  1. por favor digan el nombre del abusador, no hay que protegerlo

  2. un tema interesante para analizar