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Escuelas inclusivas o expulsivas: cómo se trabaja la diversidad sexual
6 agosto, 2013
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La diversidad sexual en las escuelas argentinas, por ley, debería ser trabajada integral y transversalmente; sin embargo, el panorama actual parecegiobellina distar mucho de su verdadera aplicación. Alumnas y alumnos muchas veces discriminados y deseosos de debatir, docentes que niegan las identidades sexuales de sus estudiantes y las propias junto a otros comprometidos que militan cotidianamente por incluir una verdadera reforma del sistema educativo: ¿La escuela es un lugar cada vez más inclusivo? ¿Qué distancia existe entre el ideal legislativo y su aplicación real?

dest1giobePor Victoria Giobellina                                          

COMUNICAR IGUALDAD- Invisibilizar. Silenciar. Asumir y presumir. Negar y confundir. Estos parecen ser los verbos mejor aprendidos a conjugar en la mayoría de las escuelas del país a la hora de pensar los cuerpos deseantes y las diversas identidades sexuales de alumnas, alumnos, docentes, directivos y todas aquellas personas que pasan por la institución.

Acá creo que está todo bien”, reflexiona Joaquín, a punto de egresar del secundario,no se habla, nadie dice nada, no pasa nada. No hablamos de eso en ninguna materia, está todo bien”. Y agrega Mariano: “Igual yo no veo nada acá en la escuela… una sola vez vi, si viese no me molestaría y si ellos quieren hacerlo está bien”. 

Otro compañero, que ya es padre, le responde: “Pero a mí me da asco, si lo quieren hacer, que lo hagan en otro lado. Imaginate el día de mañana si mi nene ve eso, ¿Qué hago? ¿Qué le digo? ¿Vos qué harías si tu hijo es gay? Te querés matar”. Cinco minutos de una conversación dentro del aula que condensa miles de reflexiones en torno a la oportunidad única de instalar el debate por la identidad sexual en la escuela.

Afortunadamente siempre surgen estos cotidianos conflictos escolares que evidencian este deseo de silencio tan peligroso y naturalizado. Ese fue el caso de dos chicas que actualmente cursan cuarto año en una escuela del centro de Morón, provincia de Buenos Aires, quienes en el 2012 fueron vistas besándose en un recreo por una profesora que no dudó en denunciarlas en la Dirección y ambas fueron suspendidas, no sin antes concurrir con sus respectivas familias para que la directora les informara de estas actividades poco adecuadas. La docente, por su parte, repitió la historia a quien quisiese escucharla: “Que querés que te diga, a mi me pateó el hígado verlas, eso es hacer apología”.  Al consultar en dicha escuela sobre la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) informaron que “no existe nada de eso. Hace algunos años algunos cursaban en el CIE (Centro de Investigación Educativa) pero dejó de dar puntaje y dejaron de hacerlo”, evidencia de que no alcanza con formarse en el tema para hablar de verdadero compromiso con la diversidad.

Toda educación es sexual se titula el libro publicado bajo la coordinación de Graciela Morgade, Doctora en Ciencias de la Educación: “Toda educación es sexual ya que en todos los procesos educativos se producen, transmiten y negocian sentidos y saberes respecto de la sexualidad y las relaciones de género”. Si todos los contenidos están atravesados por lo sexual, y si es en la escuela donde se viven experiencias como las antes citada, es necesario preguntarse: ¿Cómo vive actualmente la comunidad educativa la reflexión en torno a la identidad sexual en un país que cuenta con la Ley de ESI 26.150 (2006), de Matrimonio Igualitario 26. 618 (2010) y de Identidad de Género 26.743 (2012)? ¿La escuela cambió su mirada y accionar con respecto a la diversidad sexual? ¿Es un espacio inclusivo? ¿De quiénes depende y quiénes defienden o no el derecho de la juventud a encontrar y expresar libremente su identidad sexual?

Uno de los pilares de la ley de ESI es el de propiciar la discusión en el aula en torno a las múltiples identidades sexuales. Para ello se realizan dest2giobecapacitaciones en todas las provincias del país acordes a los lineamientos curriculares y se reparten materiales tales como cuadernillos, posters y guías para docentes para que sea verdaderamente integral.

Sin embargo, la abundancia de herramientas se complementa con su falta de uso. “La educación sexual es muy heteronormativa  plantea María Victoria Arias, profesora de Literatura, capacitadora de ESI y parte del Equipo de Coordinación del Bachillerato Trans Mocha Celis. Y agrega: “No logra desprenderse de la construcción de la otredad, de tener un discurso centrado en el binarismo y la heterosexualidad. No se incorpora naturalmente en el lenguaje a todas las orientaciones sexuales y las identidades de género, se les dedica un capítulo aparte. Es verdad que se señala menos, pero para la equidad falta mucho”.

Por un lado aparecen alumnos y alumnas fuertemente interesados en hablar, en reflexionar y visibilizar, pero que individualmente no lo logran y ahí comienzan los conflictos que derivan en el llamado bullyng homofóbico y posterior fracaso escolar.

Para Arias “las clases más interesantes sin duda son las que incorporan conceptos para pensar la homofobia como un factor de dolor en la construcción de las masculinidades especialmente. Todo lo que es deconstruir, repensarse, identificar los mandatos, las coerciones para encajar en moldes, son muy bienvenidos. Por supuesto que hay resistencias en algunos, pero son deconstruibles con un trabajo sostenido”.  Y por el otro lado, docentes que no se hacen cargo de este interés: “Pocos y pocas docentes se animan a plantear estas temáticas simplemente por ignorancia y temor, en el caso más liviano, y declarada homofobia, transfobia e intolerancia en muchos.  Me resulta casi inimaginable pensar que algún compañero o compañera hable abiertamente de su homosexualidad o lesbianismo, la heteronormatividad es total, es lo oculto e inenarrable”.

Jóvenes y docentes que no tienen la libertad de expresar su propia identidad sexual en un espacio en el que pasan gran parte del día muchos años (13 años al menos como alumnos, toda una carrera en el caso de la docencia). Y esto empeora en el caso de la comunidad trans. ¿Qué tan cotidiano es ver una profesora trans?¿Con qué condiciones de cursada se encuentran los/as estudiantes trans? 

Según las estadísticas el 75% de las personas trans abandonan la escuela por las burlas, la discriminación y la incomprensión. Los homosexuales y las lesbianas en general ocultan su identidad y así logran terminar, pero con esa sensación horrible de haber tenido que falsear su yo” concluye Arias.

María Virginia Gallo, profesora de Literatura en un CENS (Centro Educativo de Nivel Secundario para adultos) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, recuerda: “En la sala de profesores una profesora de Historia comentó que una alumna le planteó algo que a ella le pareció cualquier cosa. La alumna le dijo que había una mujer en el antiguo Egipto que se vestía de hombre. A la profesora esto le pareció incorrecto y le explicó que antes ‘no era como ahora, que se acepta la homosexualidad’”. Pese a los intentos de explicarle lo errado de su pensamiento histórico, nunca fue escuchada, y “pensé en nuestro rol como profesores, en cómo nuestra ideología podría afectar el conocimiento de los alumnos y obturar un debate necesario. ¿Qué decimos? ¿Cómo lo decimos? ¿Por qué lo decimos? ¿Qué tipos de alumnos queremos que sean los de nuestras clases? ¿Qué aprendizaje nos proponemos transmitir?”.

giobe3María Virginia se recibió en la Universidad de Buenos Aires, lugar en el que no fue formada especialmente en el tema. Su trabajo en el aula en relación a la diversidad sexual es resultado de sus propias inquietudes e investigaciones, y su compromiso es construido en la práctica cotidiana: “En una oportunidad llevaba en mi mochila un pin del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) “INADI 0800 999 2345 SOMOS IGUALES Y DIFERENTES”. Lo había puesto en la mochila después de ir a la Marcha del Orgullo. Un alumno lo vio y me preguntó si había ido a la marcha, le contesté que sí y le pregunté si él también había ido, me respondió que él no, que había ido una amiga suya…”.

Es justamente el INADI quien, a través del estudio Derecho a la Educación sin Discriminación (2012), reconoce tres grandes barreras en el acceso a la educación: en el curriculum explícito (los contenidos mismos que se dictan, ausencias y presencias de ciertos temas y estereotipos), en el nulo (temas silenciados) y en el oculto, tal vez el de mayor poder por pasar desapercibido frente a la mirada desatenta. En palabras de Ana María Rodino, Doctora en Educación especializada en la capacitación en Derechos Humanos en toda Latinoamérica, son “todos los mensajes que provienen de la cultura escolar y de las relaciones institucionales e interpersonales cotidianas entre todos sus actores”.

Una de las barreras no nombradas en esta investigación es la fuerte presencia de la doctrina católica en las escuelas, aunque su influencia varía de acuerdo a la zona. En el citado libro Toda educación… se reconocían dos temáticas como las que más inquietudes despertaban en el alumnado: la homosexualidad y el aborto. Y son, casualmente, las dos áreas en las que el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC) entra en conflicto con la ley. En el documento Aportes para la implementación del Programa de Educación Sexual Integral 2013 se recomienda a todos los docentes trabajar en las aulas con el modelo de familia cristiana como único válido: “Seguramente anhelamos que nuestras niñas devengan mujeres y nuestros niños en varones, para perpetuar la especie y contribuir la humanidad que todos queremos. Han de ser las mujeres las mamás de los niños y niñas del mañana y han de ser varones sus papás. ¿Existe acaso otro modo? (…) La sociedad no se levanta sobre la unión entre personas del mismo sexo”.

En la Facultad de Filosofía y Letras y dentro de la materia Didáctica General (que deben cursar todos los estudiantes que quieran recibirse de docentes), se llevó a cabo en junio por primera vez un taller de ESI en las escuelas. Uno de los grupos de trabajo fue guiado por la antropóloga Catalina González del Cerro, quien integra el equipo de trabajo de Graciela Morgade en el diseño de actividades para trabajar la ESI en todas las materias: “¿Cómo podemos dar cuenta de la desigualdad entre hombres y mujeres en Matemática? Por ejemplo reflexionando y modificando los enunciados de tipo ‘mi mamá compró dos kilos de verdura…’ junto a ‘el obrero trabajó…’. En Literatura, por ejemplo, se puede ir más allá del ideal hegemónico de familia con un texto que lo plantee”.

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Los y las asistentes manifestaron que nunca habían cursado nada en relación al tema y para muchos los conceptos brevemente nombrados (sexo, género, perspectiva crítica de género, patriarcado) eran una novedad.Era muy tentador anotarse en este taller” confesó una alumna. Debatieron en torno al lugar que ocupa la sexualidad y la discriminación en las aulas junto a sus propios temores a la hora de  trabajarlas. Es esta generación de docentes la que comienza a pedir una mayor presencia de reflexión en los espacios de formación (que, por ley, deberían trabajar la diversidad en sus materias, pero no lo suelen poner en práctica), a paso lento, a contramano de lo que se plantea desde los programas oficiales, incitada por el trabajo de otras personas que vienen preparando el camino.

Los profesores que llevan adelante esta temática a través de talleres son personas que ya venían trabajando desde antes de la ley y ésta les dio mayor legitimidad a su trabajo” agrega González del Cerro, siguen siendo inquietudes individuales, pero ahora todos conocen lo que es políticamente correcto gracias a la ley, estés o no de acuerdo. Al menos cada uno debe entrar en la disyuntiva de darlo o no. La ley es obligatoria y es una responsabilidad de cada docente, pero en especial de la institución. Para que se pueda aplicar es necesaria una verdadera transversalidad en todos los contenidos, desde una perspectiva de género y con un verdadero apoyo institucional, de otro modo es muy difícil de sostener”.

Miedo a ser criticadas, burladas o incluso violentadas, miedo a la reflexión en torno a la propia identidad sexual y mucho más a la ajena, que parecería ser espejo de lo que no quieren ver, son solo algunos de los temores que tienen muchas personas de la comunidad educativa y que aparecen en el aula diariamente. Sin embargo, son los jóvenes los que llegan con mayores inquietudes y deseos de manifestarlas y hoy más que nunca el aula se transforma en campo de batalla en el que día a día se festejan las subas: nuevos y nuevas docentes que defienden la necesidad de un aula más inclusiva, con los chicos, pero también con ellos y ellas mismas. Lo ideal es que la sociedad no sea patriarcal se anima a soñar González del Cerro, y la desigualdad de género, solo en la educación, no se resuelve, pero es un frente fundamental”. 

Este artículo es parte del proyecto Relatos sobre jóvenes, realizado por la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert.

Fotos: María Virginia Gallo.

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