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Feminismo y confrontación: Las mujeres y los “buenos modales” en la lucha por la igualdad
7 octubre, 2015
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A pocos días de iniciarse el XXX Encuentro Nacional de Mujeres -este “suceso” que cada año reúne a miles de argentinas de todos los rincones del país para reflexionar, discutir y gozar en torno a derechos ganados y escenarios de convivencias denostados y deseados- aprovechamos la ocasión para promover una discusión sobre feminismo y confrontación. Parte de la marcha final del ENM suele pasar por la catedral de la ciudad en la que se realiza donde se generan enfrentamientos con la feligresía que se aposta a “proteger” ese espacio de la barbarie feminista. Sobre estas escenas de resistencia confrontativa reflexionamos en esta nota. Desde la Revolución Francesa hasta las milicias femeninas de las Unidades de Protección Popular kurdas, las mujeres hemos puesto el cuerpo para defender nuestros derechos, así como han hecho los varones con otros deseos y reivindicaciones. Estas resistencias, sin embargo, han sido siempre desacreditadas al amparo del respeto a las buenas costumbres y el recato, conductas que no se les reclaman a los revolucionarios masculinos.

Por Sarah Babiker

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El voto

La imagen es en blanco y negro, borrosa. Se trata de un registro audiovisual de hace más de un siglo. Apenas distinguimos a una mujer menuda, o al menos lo parece en contraste con esos enormes caballos de la realeza británica que corren el Derby. Ella se interpone en el paso de un corcel importante, el de su majestad el rey Jorge V de Inglaterra. Se llamaba Emily Davison y falleció  el 4 de junio de 1913 tras caer bajo los cascos del caballo del rey ante la  atónita mirada del noble público. Tenía 40 años, gran parte de ellos los había pasado militando por el derecho al voto de las mujeres. Formaba parte de la Women’s Social and Political Union, cuyas integrantes eran también conocidas como sufraguettes, mujeres cansadas de esperar un derecho al voto que no llegabay que habían decidido reclamarlo de manera activa. Sus acciones incluían la ruptura de cristales de afamados negocios, la ocupación de edificios emblemáticos, las huelgas de hambre que siguieron una y otra vez tras sucesivos encarcelamientos. El último acto de Davison se presentó como una llamada de atención sobre la causa siempre pospuesta del voto para las mujeres. Después de tanto tiempo, podremos ver en la gran pantalla un film sobre su lucha y la de sus compañeras, se llama Sufraguettes y se estrena este octubre.

Por ahora tenemos este fragmento real y confuso, lo publicó el diario británico TheGuardian un siglo después de los hechos. Por la ocasión recuperaba una serie de artículos que enmarcan un debate siempre abierto, ¿son ciertas militancias feministas demasiado confrontativas?¿Acaban siendo contraproducentes para las luchas por los derechos de las mujeres? 

La misma edición de Manchester del diario asentó meridianamente su postura pocos días después de la muerte de Davison. “Una responsabilidad horrible” se llamaba la editorial. En ella, por un lado destacaba el coraje y la inteligencia de la fallecida y por otro la reprobaba póstumamente. Mucho más provechoso que su gesto hubiese sido, afirmaba, invertir ese tiempo en dar un discurso en los suburbios de Londres a favor del sufragio femenino.  Morir de esa forma, amonestaba,  “suponeun nuevo obstáculo para el sufragio de las mujeres  y aporta una ilustración plausible para las  diatribas antisufraguistas sobre la incoherencia emocional de  la acción femenina en política”.Se señalaba a “esas personalidades carismáticas”, como últimas responsables de arrastrar a mujeres hacia estados de enferma emotividad que perjudicaban la lucha de aquellas que “honorable y sensatamente” clamaban por sus derechos.“Es un insulto después del vergonzoso balance de los últimos 50 años, y en particular de los últimos 7,  esperar que las mujeres busquen honorable y sensatamente la concesión del derecho al voto que les corresponde,  cuando por honor y sensatez usted entiende sumisión y pacienciacontestaba  al editor  del diario  la activista Evelyn Sharp  pocos días después. A las sufraguistas británicas aún les quedaba esperar una guerra mundial para conseguir lo que venían reclamando desde hacía medio siglo.

En 1791, del otro lado del canal de la Mancha, Olympe de Gauges publicó la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” como réplica  a la “Declaración de los Derechos Del Hombre  y del Ciudadano”, producto de la revolución francesa. Gauges era una burguesa que no había roto ventanas ni interrumpido caballos reales, sólo escrito, escrito, y escrito honorables y sensatas obras de teatro, novelas, panfletos en los que declamaba contra la opresión, de los esclavos negros, de las mujeres. Afirmaba que si una mujer podía subir al cadalso, también debería tener el derecho a subir a una tribuna. Pero la época le tenía reservado el primero, acusada de monárquica fue guillotinada en 1793.Hizo falta un siglo y medio para que las mujeres llegaran a la Asamblea Nacional de Francia. Siglo y medio y dos guerras mundiales para subir a la Tribuna.

Conocemos estas historias tarde y de manera limitada, pero las conocemos porque sucedieron en Reino Unido y Francia, estados centrales en la producción de la mal llamada historia universal. Pero ¿cuántas otras rebeliones femeninas se habrán perdido en la memoria de la periferia?¿De cuántas luchas demujeres nos limpiaron los libros de historia?

El aborto

La planificación de los nacimientos  no siempre fue un tema discutido por los poderes públicos y regulado por los estados, como recuerda Silvia Federici en su obra Calibán y la Bruja (Tinta y Limón, Buenos Aires). Los nacimientos, los embarazos, la planificación familiar  era un terreno se saberes y prácticas femeninos.Matronas y curanderas conocían las hierbas y ungüentos necesarios para interrumpir un embarazo. Un poder que el capitalismo incipiente, ávido de mano de obra en una Europa cuya población descendía, no podía dejar en sus manos. A muchas de esas mujeres, acusadas de comer niños,  asesinarlos para sus ritos, embrujarlos,  les esperaba la hoguera reservada a las brujas.

Pasados los siglos, el poder de decidir sobre su descendencia no volvió a las mujeres. Son pocos los países en los que el aborto es legal. Acá en Argentina otras mujeres, con su compañía y pastillas de misoprostol ayudan a aquellas a las que el Estado no acompaña sino que persigue. Es el Socorro Rosa, con grupos en toda la geografía del país, que rescatan prácticas de acompañamiento y ayuda a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo que ya se daban en los años ‘60 y ‘70 en Italia  o Francia, cuando el aborto era allí  ilegal.  Por encima de la legalidad de los hombres, la ayuda de las mujeres llega hasta por barco, desde finales de los ‘90 la organización holandesa WomenonWaves navega a aquellos países cuyas legislaciones  son más restrictivas. Su llegada a los puertos pone en evidencia las políticas misóginas de los Estados que visitan. Después vuelven a aguas internacionales para practicar abortos no quirúrgicos. Son redes  de solidaridad que tejen en los márgenes de la legalidad un reparo bajo el que poder decidir mientras a ritmo lento la institucionalidad camina su deriva de siglos.

fem2El arte

Una aguja de tejer atraviesa un ovillo. Abajo se lee“escarpines y abortos, todos con la misma aguja”. Probablemente la hayan visto, es la potente imagen con la que  el grupo de artistas feministas Mujeres Públicas se dio a conocer en la marcha del 8 de marzo de 2003 en Buenos Aires.  Movilizan desde el arte, y mucho, con la fuerza del símbolo, sus estampitas de vírgenes que incluían una oración por el derecho al aborto juntando en un solo soporte a ambos componentes de un enfrentamiento histórico. Se enmarcan en una trayectoria de mujeres que hacen política con el arte,  su obra “Ventajas de ser lesbiana”, por ejemplo, remitía a  “Ventajas de ser mujer y artista”, manifiesto en clave sarcástica de las  Guerrilla Girls, quienes irrumpieron en el Nueva York de los años ‘80 con sus cabezas de gorilas  para evidenciar  el monopolio masculino del mundo del arte.  “¿Tienen que estar las mujeres desnudas para entrar en el Museo Metropolitano?  Se preguntaban en uno de sus carteles más icónicos: al lado de una mujer desnuda con cabeza de gorila, reflejaban la estadística: “Menos del 5% de artistas de la sección de arte moderno de los museos son mujeres. Pero el 85% de los desnudos son femeninos”.

“Mujeres de artes tomar” es el nombre de otro colectivo de mujeres artistas, nombre que capta muy gráficamente esta forma de entender el arte como un lenguaje, una herramienta para la lucha por los derechos de las mujeres. Trabajan con muchas otras asociaciones siguiendo un calendario anual de fechas claves (el 8 de marzo, el 28 de septiembre, el 25 de noviembre) en las que despliegan su “artivismo”.

Cuerpos en la periferia

Mientras en las metrópolis occidentales  las mujeres luchaban por su derecho a la participación política, enfrentándose a humillaciones y detenciones,  en las colonias el poder imperial ejercía su misoginia y racismo de un modo más sangriento. La “guerra de las mujeres” es como se conoce en Nigeria a las revueltas protagonizadas por las mujeres de la etnia lgbo en el sur del país. En 1929 miles de ellas se enfrentaron a los Jefes de Garantía, representantes locales del poder británico, corearon bailaron y parodiaron su poder en los “centros de administración nativa”, un poder que negaba las estructuras políticas tradicionales de las mujeres. Los soldados británicos las persiguieron y asesinaron.

lgual que el 85% de los desnudos son femeninos, en torno al mismo porcentaje deben estar las historias de lucha de mujeres blancas y occidentales. Si la colonialidad y el olvido nos privaron de otros pasados, al menos contamos con dispositivos para ir a buscar otros presentes. Más sabemos de otra “guerra de mujeres”, la que actualmente lleva a cientos de mujeres kurdas al frente contra las tropas del Estado Islámico que, bajo el enunciado objetivo de crear un estado islámico en Siria e Irak, arrasan con las poblaciones locales violando y esclavizando a las mujeres. La sección femenina de las Unidades de Protección Popular cumplen un rol fundamental en la ofensiva contra las milicias fundamentalistas, cuyos combatientes creen que morir en manos de mujeres les niega el paraíso reservado a los mártires. La lucha de las mujeres kurdas no es sólo contra el enemigo externo, organizadas reivindican su espacio  en su propia sociedad.

Para muchos cuerpos femeninos, es como si siempre hubiera guerra. La cantidad de ropa que llevan, o dejan de llevar, las mujeres no es un asunto individual. Les puede costar una agresión sexual, en otros una multa y la cárcel. Ante las agresiones sufridas por mujeres cuyos abusadores apuntaron a la longitud de la pollera de sus víctimas como motivo para el ataque se organizaron marchas en pollera en Kenya (2014) y Sudáfrica (2012) bajo el lema #mydressmychoice. Fue sin embargo la detención de dos chicas en Marruecos y otra en Argelia por atentar contra la moral enseñando las rodillas las que motivaron numerosas manifestaciones en estos países. Años atrás, era Sudán el escenario de estas batallas de la vestimenta cuando grupos de mujeres se manifestaban en pantalones en protesta por la detención y condena a latigazos de una periodista por vestir esa prenda y negarse a pagar una multa por ello.

Pero si hay un caso icónico de dominio sobre el cuerpo es el del burka afgano. Burka que no usaba la joven activista Malalai Joya cuando, desde la tribuna, en la Asamblea Constitucional de Afganistán, habló abiertamente contra los señores de la guerra que allí estaban, acusándoles de criminales.  La reacción fue inmediata, los aludidos gesticulaban, el presidente de la sesión le advertía “ha pasado el límite de la común cortesía, échenla”. Su discurso no era ni honorable ni sensato y por haberlo enunciado desde la tribuna, le persigue el mismo “cadalso” que se llevó a Olympe de Gauges más de dos siglos atrás, odiada y amenazada vive esquivando a la muerte en la clandestinidad.

Conducir es un acto aparentemente mucho menos contestatario que llamar criminales a los hombres sentados en una asamblea constituyente. Pero en Arabia Saudita te puede costar ser detenida  si eres mujer. Aunque ninguna ley lo prohíbe formalmente, así es desde los años ’50. A partir de 1990, tres campañas han puesto al volante a mujeres para reivindicar su derecho a manejar un auto. La última,en 2013, alentada por los vientos de la primavera árabe, tomó cierto relieve en las redes sociales en las que mujeres subían videos suyos al volante. Alarmado, un clérigo saudí alertó de que la conducción podría dañar los ovarios de las féminas El aparato reproductor de las mujeres siempre ha sido motivo de preocupación para los hombres de fe.

La Iglesia

En la España de las multitudinarias procesiones de Semana Santa,  hace unos años que se pasean a hombros con toda la parafernalia del ritual religioso diversas santas vaginas. El 8 de marzo de 2013, en el centro de la ciudad andaluza de Málaga,  “El Santo Chumino Rebelde” fue portado  ante el descontento de los representantes del clero local; en Madrid, “La Cofradía del Santísimo Coño de todos los Orgasmos” organizó su propia procesión; en Sevilla, donde las procesiones de Semana Santa paralizan la ciudad por su alcance e implantación, militantes del sindicato anarquista CGT sacaron al “Santísimo Coño Insumiso” a las calles en el2014. Si bien todos estos actos compartían una agenda de reivindicación feminista y en particular por el derecho al aborto, amenazado en aquel momento por un proyecto de ley muy restrictivo, fue la sevillana la que se llevó la peor parte, el sindicato fue denunciado por una asociación de abogados cristianos y algunas de las personas que organizaron la acción están siendo juzgadas. Una cosa es manifestarse y otra faltar al respeto, dicen los detractores de estas parodias reivindicativas.

Desde la Comisión de la Mujer del Obispado de Mar del Plata se están preparando para la “violencia feminista” del Encuentro Nacional de Mujeres que tendrá lugar en esa ciudad el próximo fin de semana.  Ya tienen elegidas las oraciones que rezarán frente a esas feministas radicales” que  “pretenden imponer la cultura de la muerte mediante la promoción del aborto y anticoncepción.  Probablemente, como pasa en cada edición, formarán lxs fieles un círculo de oración que proteja a su catedral de estas brujas contemporáneas. No estarán solas, las fuerzas de seguridad estarán ahí para proteger a la iglesia de las mujeres. El año pasado, en la católica Salta, dos ciudadanas locales miraban con expresión de desagrado a una “Virgen” que abortaba frente a  la Catedral de la ciudad. “Está muy bien denunciar la violencia contra la mujer, yo también defiendo  nuestros derechos. Pero faltar el respeto así, eso no lo entiendo” comentaba una de ellas.

La lucha de las mujeres no siempre sigue los cauces “sensatos y honorables”  que el editor de The Guardian reclamaba a las sufragistas británicas. Pero se les sigue exigiendo “respeto” a las mismas instituciones que cercenan sus derechos. Las luchas de las mujeres no pueden ser “sensatas” y “honorables”, porque lo sensato y honorable son eufemismos para nombrar a un status quo que oprime.

Notas relacionadas:

“Se espera que las mujeres protesten de un modo pacífico y ‘femenino’”

“La violencia tiene muy mala prensa, pero no es lo mismo cualquier tipo de violencia, y no es lo mismo quien la ejerce”

“La Autodefensa Feminista es una herramienta política de empoderamiento y sororidad”