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“Las mujeres mapuches queremos ser protagonistas”
11 noviembre, 2015
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La imagen de Relmu Ñamku recorrió los medios de comunicación la semana pasada luego de que fuera absuelta en el juicio que se llevó en su contra por “tentativa de homicidio”. Pero su lucha y su historia dejaron planteados nuevos desafíos e interrogantes para el movimiento de mujeres y feminista. Con ella reflexionamos sobre esto. La referente del feminismo neuquino, Graciela Alonso, también nos aporta su mirada.

Por Belén Spinetta

COMUNICAR IGUALDAD- Relmu, “no culpable”. Se escuchó el veredicto y la sala de enjuiciamiento estalló en la alegría de un pueblo que, una vez más, demostraba su fortaleza. Porque la libertad de Relmu fue también eso, la legitimación de la lucha en defensa del territorio que desde hace años llevan adelante los pueblos originarios en general, y el pueblo mapuche en particular en la provincia de Neuquén.

Ya mucho se dijo de la  historia de quien, como ella misma lo aseveró durante el juicio, fue llevada al banquillo de los acusados por ser “pobre, originaria y mujer”. La causa se inició cuando en diciembre del 2012 la justicia intentó desalojar al pueblo mapuche de Portezuelo Chico  -un pueblo en el centro de la provincia de Neuquén- y, durante el transcurso del  desalojo, la oficial de justicia Verónica Pelayes  resultó herida.

Pero con Relmu, sobre todo se puso sobre la escena el aporte que las mujeres originarias tienen para hacerle al movimiento feminista y las deudas del feminismo con ellas. “Como mapuches partimos de una cosmovisión de defensa de la tierra, de defensa de la naturaleza, y eso no puede ir separado de nuestra lucha como mujeres”, nos dice Relmu al otro lado del teléfono. Su voz transmite entusiasmo, alegría y la firmeza de que esta vez se ganó, pero aún queda mucho por caminar. “Creo que sin dudas hay una deuda feminista con nosotras,  en el sentido de que aún no se nos contempla plenamente, el aporte que podemos hacer y las particularidades de nuestros sufrimientos”, reflexiona. “Entonces, el trabajo que nosotras como mujeres originarias tenemos que hacer –hacia adentro y hacia afuera- tiene que rondar por ese camino para poder develar que no solamente somos aquellas que nos encargamos  de la transmisión cultural, del conocimiento tradicional o de la medicina y de muchas veces ser las ordenadoras de nuestros hogares, sino que somos mujeres que queremos  ser protagonistas, que también podemos construir política y ese es un gran aporte que queremos hacer al movimiento feminista”.

“En este juicio quedó clara la cuestión de género porque la imputación más grave era contra mí por ‘tentativa de homicida”, relata. Relmu reflexiona sobre las deudas y las discusiones con el feminismo, pero también sobre los propios debates planteados hacia el interior de los pueblos originarios: “`La reflexión que hacemos es que somos las que siempre estamos al frente, que sabemos que si tocan a algunos de nuestros hijos somos capaces de hacer cualquier cosa para defenderlos y creo que tuvo que ver con eso de que apuntaron especialmente hacia una mujer… Entonces nos queda como desafío aportar a la reconstrucción del movimiento de los pueblos originarios como mujeres porque podemos darle una nueva dinámica y una nueva perspectiva”.

Hoy Relmu tiene la tranquilidad de la libertad y de una batalla ganada. Pero esa tranquilidad no es plena, ella se hace carne del sufrimiento de sus hermanas, de las que hoy no pueden celebrar, de las que todavía esperan detrás de los barrotes una salida. Yo siento como una deuda muy grande el caso de Reina Maraz, a diferencia nuestra ella si tiene una condena y no pudo tener un juicio justo y como mujeres nos duele pensar que ella está presa con prisión domiciliaria…. Es una deuda del movimiento en sí y tenemos que trabajar para que Reina sea libre”.

Cuerpo, comunidad  y territorio 

La lucha por la libertad de Relmu Ñamku cosechó amplias solidaridades e interpeló a muchos sectores de la sociedad neuquina. Su causa además, superó las fronteras del territorio nacional y trajo la solidaridad internacional.  Para Graciela Alonso, docente e investigadora de la Universidad del Comahue y referente de la colectiva feminista La Revuelta de Neuquén, en el juicio quedó sentada la fortaleza de Relmu  y en su persona la fortaleza del conjunto de las mujeres mapuches que están protagonizando historias de resistencia en la provincia”. 

Quizás menos mediatizados, y aun sin poder saltar  el cerco informativo que imponen los medios de comunicación locales y nacionales, son muchos los conflictos por el territorio en Neuquén en los que las mujeres están teniendo un rol de vanguardia. “Creo que en nuestra sociedad occidental  e incluso desde alguna perspectiva feminista siempre se considera que las mujeres indígenas  en general y las mapuches en particular tienen un rol muy conservador en relación a su cultura”, comenta Alonso quien seguidamente refuta esta tesis:  “Tenemos un antecedente en la zona que es en la comunidad de Pulmarí donde cuando se pensaba que no se podía ganar esa lucha y los propios varones mapuches decían que ya estaba, ellas dijeron de acá no nos vamos y la lucha de Pulmarí por el territorio se ganó”.  “Hoy por hoy las mujeres de Campo Maripe están defendiendo sus territorios en la zona de Vaca Muerta y peleando con el gobierno provincial por el reconocimiento de su comunidad.  En un lof de siete hermanos, seis son mujeres. El año pasado ellas se encadenaron a una torre de petróleo no convencional y obligaron a la provincia a negociar”, relata. “Con esto quiero decir que el papel de las mujeres mapuche en defensa de su territorio es muy importante y si bien al interior de pueblo mapuche se habla de las luchas ‘del pueblo’ y las mujeres hablan de la lucha de su ‘pueblo’,  es importante resaltar el lugar que ellas tienen”.

La relación cuerpo-territorio es fundamental para enmarcar estos debates. Para la investigadora, “en las luchas por el territorio se articula muy sentidamente el tema de lo filosófico con lo político y eso en las mujeres son dos aspectos que no se escinden; esto nos lleva a hablar del ‘cuerpo-territorio’ como un lugar de lucha. Para Graciela Alonso, la sociedad en su conjunto y el feminismo en particular tienen mucho que aprender de las batallas que están librando las mujeres originarias en toda Latinoamerica: “El juicio de Relmu marca cómo los poderes patriarcales, capitalistas y racistas se entrelazan, pero también cómo se les puede hacer frente con articulaciones, con visibilidad, con medios de prensa alternativos”.  La referente del movimiento feminista neuquino concluye: “Tenemos mucho que aprender de Relmu, ella nunca asumió una posición de víctima sino de mujer que lucha y que resiste con su pueblo, por su pueblo, desde su pueblo y en articulación con otras organizaciones y movimientos”.

Foto: Gentileza Diario Río Negro

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