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Somos parte de la solución
30 noviembre, 2012
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El 13 de octubre, Día Internacional de la Reducción de Desastres, fue dedicado por la  Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) a las mujeres y las niñas bajo el lema  “La fuerza (in)Visible de la Resiliencia”, en alusión a la enorme y no advertida participación de las mujeres en los temas vinculados al medio ambiente, tanto como principales damnificadas como por sus aportes específicos a la prevención y reconstrucción.

COMUNICAR  IGUALDADQueremos dejar de ser percibidas como víctimas pasivas, y tratadas usualmente como beneficiarias, por el hecho de ser consideradas como un grupo vulnerable ante los desastres. Resaltamos que no somos vulnerables: vivimos en condiciones de vulnerabilidad frente a amenazas naturales y cambio climático. En nuestro papel de sujetas de derechos y agentes activas de cambio, contribuimos de manera proactiva al bienestar, desarrollo, seguridad y la paz en nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras ciudades y nuestras naciones. Somos parte de la solución y por lo tanto, necesitamos y queremos ser vistas como tal.”  El texto es parte del comunicado sobre la Reducción del Riesgo de Desastres Por y Para las Mujeres y Niñas de América Latina y el Caribe, es apoyado por todos los organismos de las Naciones Unidas, y resume las principales problemáticas actuales vinculadas a género y ambiente: la vulnerabilidad específica de las mujeres frente a los riesgos naturales –producto de su desigual socialización de género-; sus saberes específicos por su tradicional rol como reproductoras de la especie, no aprovechados en la prevención; y su discriminación en las tomas de decisiones, tanto en etapas de reconstrucción posteriores a los desastres, como en las instancias de planificación estratégica de su mitigación.

Los cambios climáticos de las últimas décadas afectan particularmente a los sectores más pobres de la sociedad, no por una intención discriminatoria de los mismos, sino por la desigual respuesta de estos sectores frente a las amenazas climáticas. A menos recursos económicos, más difícil es hacer frente a los eventos del clima. De los sectores más pobres, el 60% son mujeres, con acceso sólo al 1%  de las tierras, y muchas menos posibilidades de obtener créditos y recursos económicos que los varones. La desigual participación en la sociedad de las mujeres las excluyó históricamente de la toma de decisiones vinculada a todos los procesos, incluidos los ambientales. Saberes específicos de las mujeres, sobre todo las que viven en zonas rurales, vinculados, por ejemplo, a la recolección o utilización de recursos naturales, no están siendo utilizados en la prevención de desastres. Lo mismo que no están siendo tenidas en cuenta, otras vulnerabilidades específicas de género: durante el tsunami del 2004 en Asia, muchas mujeres murieron porque estaban en las casas y no se enteraron de la llegada de la ola, otras no pudieron nadar por los saris que llevaban puestos, y otras, directamente, porque no sabían. Hubo nenas que se ahogaron porque no sabían trepar los árboles como sus hermanos, y un padre contó que le soltó la mano a la hija en medio de la marejada porque tenía de un lado a la hija mujer y del otro al varón y ‘el hijo varón debía continuar la línea de la familia’ http://www.unfpa.org/swp/2009/es/index.shtml.

Según el Manual de Capacitación en Género y Cambio Climático, realizado en el año 2009 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y  la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN):  de acuerdo a una investigación de 141 países en el período 1981-2002, los desastres (y sus impactos subsecuentes) en promedio matan a más mujeres que hombres, o matan a mujeres a una edad más temprana. La misma investigación señala que, mujeres y niñas/os, tienen 14 veces más probabilidades de morir que los varones durante estos eventos climáticos y que, luego de los desastres, suelen aumentar en las comunidades los problemas de violencia de género. A la vez, las mujeres y las niñas sufren más por la escasez de alimentos y de recursos económicos, y se profundiza la división sexual del trabajo.

La socialización de género de los varones también tiene particularidades que los afectan durante los eventos naturales: si bien tienen más recursos de todo tipo (económicos, prácticos, de conocimiento) para enfrentar los fenómenos naturales, y son quienes toman las decisiones tanto en los hogares como en ámbitos institucionales sobre el medio ambiente, su misma socialización masculina hace que por lo general se sientan obligados, durante la ocurrencia de los fenómenos naturales, a asumir actitudes heroicas o de riesgo en el salvataje de la comunidad y que estén más expuestos, por ser quienes realizan mayormente actividades y tareas al aire libre.

Modelos de desarrollo

La cuestión del  ambiente y el potencial riesgo de una comunidad frente a un evento natural  de riesgo –en aumento en los últimos años por el cambio climático-, están íntimamente relacionados al modelo de desarrollo. Si bien el tsunami o el huracán pueden tener la misma potencia en Estados Unidos que en las islas del Océano Pacífico, no afectarán de la misma manera a las comunidades que allí viven porque estarán preparadas de forma diferente para enfrentarlas. Esta respuesta depende tanto de la disponibilidad de recursos económicos, como de la planificación estratégica frente a los eventos climáticos. A la vez, un modelo de desarrollo inequitativo e irresponsable con el  ambiente, contribuirá a construir mayores riesgos y relaciones más desiguales entre hombres y mujeres. Por el contrario modelos de desarrollo más humanos, equitativos y sostenibles, conducirán a sociedades más seguras y con iguales oportunidades para todos y todas.

Los organismos internacionales, comenzaron a trabajar en la última década en la inclusión potente de la perspectiva de género en el marco protector de los derechos humanos y los temas ambientales. Durante la Segunda Conferencia Mundial sobre Reducción de Desastres realizada Japón en el 2005, fue aprobado y ratificado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el Marco de Acción de Hyogo, que retomó los lineamientos de la Plataforma de Acción de Beijing (1995) y del Objetivo 3 de los Objetivos del Desarrollo del Milenio (2000); enfatizando que la perspectiva de género debe incorporarse en todas las políticas, planes y procesos de decisión sobre la gestión del riesgo de desastres, incluidos los relativos a las evaluaciones del riesgo, la alerta temprana, la gestión de la información y la educación y la formación. El Marco de Acción de Hyogo establece justamente las directrices para que los países trabajen, a nivel local, la reducción y prevención de desastres con enfoque de género.

A su vez, el  Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reconoció, en su Resolución 1983 del 2011, que las crisis humanitarias exacerban el riesgo de las mujeres ante el VIH, la violencia sexual y la violencia basada en género, y que los Estados están obligados a realizar acciones positivas para proteger y empoderar a las mujeres y las niñas, y prevenir estas situaciones en contextos de asistencia humanitaria. Sin embargo, aún no se ha logrado esta transversalización del enfoque de género en las políticas públicas locales sobre ambiente.

Los desastres no son naturales, sino construcciones sociales producto de patrones actuales de desarrollo que generan vulnerabilidadconcluye el comunicado de la ONU-. Además de los impactos negativos en las comunidades y sociedades, los desastres también pueden perjudicar el bienestar y sentido de dignidad de las mujeres y niñas, cuando ellas están privadas de autonomía y acceso a recursos sociales.”