Contactar comunicarigualdad@gmail.com +54-11-47726862 (de 9 a 13 hs)
Noticias
Trata, mujeres victimarias y prostitución
9 agosto, 2013
3

La jueza de la Corte Suprema de Justicia, Carmen Argibay, se refiere en esta nota a los efectos en la práctica de los cambios realizados a fines del 2012 a la Ley de Trata de Personas, a las mujeres que en los juicios de trata comienzan a aparecer como regenteadoras de prostíbulos y al debate entre abolicionismo y reglamentarismo en relación con la prostitución.

Por Mariana Fernández Camacho

COMUNICAR IGUALDAD-¿Cuál cree que será el impacto que tendrá en la lucha contra el delito de trata de personas la modificación que se produjo anotatrata fines de 2012 de quitar “el requisito para las víctimas mayores de edad de probar que no hubo consentimiento”? 

– En rigor de verdad no lo sé. Es muy difícil probar que no hubo consentimientolas pruebas negativas son siempre más difíciles que las positivas. De todas maneras, yo tengo mis serias dudas en casos de mujeres que estuvieron sometidas a la trata desde menores de edad. ¿Hasta qué punto tiene la libertad de decidir para dar un consentimiento? ¿Cómo hablar de consentimiento libre en determinadas circunstancias de violencia? La mujer que está en un prostíbulo sometida al control, que no tiene forma de escapar de eso no puede dar un consentimiento libre. Eso es indudable y por eso me parece muy difícil demostrar que no hubo consentimiento. En segundo lugar, en muchos casos se produce una relación entre el explotador, el traficante de personas, y sus víctimas. Como el síndrome de Estocolmo con los secuestradores. Sobre todo si ha pasado bastante tiempo. Entonces es muy probable que la víctima diga que hubo consentimiento para evitar sanciones mayores para la otra persona. Yo tengo mis reservas, no sé, ojalá funcione, pero uno nunca sabe si las leyes mejor intencionadas funcionarán como deben.

-Según el último informe de la Unidad Fiscal de Asistencia en Secuestros Extorsivos y Trata de Personas (UFASE) –actualmente Procuraduría de Trata de Personas y Secuestros Extorsivos- se incrementaron las condenas en particular a mujeres, lo que posiblemente estaría señalando que se está condenando a mujeres que pasaron de víctimas a victimarias. ¿Qué opina de esto?

– Es muy probable. No creo que ninguna mujer esté dispuesta a ser la victimaria de otras mujeres, de regentear un prostíbulo o cosas por el estilo. Pienso que son mujeres que han empezado en esa situación y a determinada edad pasan a desempeñarse en otro carácter, pero siguen siendo víctimas. Por supuesto que no está mal que haya una condena de esa forma, pero no sé si no tiene que ver también con una especie de protección hacia los verdaderos proxenetas; incluso de parte de estas mujeres que corren el riesgo de ir presas como regenteadoras de un prostíbulo para que no se descubra quién es el que está atrás. La mayoría de las veces hay otras personas atrás, pero al asumirse ponen una barrera de protección. Pasa lo mismo cuando no confiesan, pero soportan el juicio y la condena para no revelar a otros. Habría que hacer un poco más de trabajo de campo, pero eso ya está en manos de los sociólogos o de los asistentes sociales y no de los jueces. Pero es verdad.

dest1trata-En diversos espacios comienza a manifestarse la necesidad de plantear el debate sobre la postura abolicionista en torno a la prostitución o aquella que respeta a quienes se consideran trabajadoras sexuales y reclaman igualdad de derechos. ¿Cuál es su postura? 

– ¿Leíste el libro de Sonia Sánchez que se llama “Ninguna mujer nace para puta”? Ahí tenés la respuesta.

-¿Pero cree necesario que se dé el debate?

– Claro que sí. Incluso por ellas mismas.

Fotos: Gisela Castro

Notas relacionadas:

“Hemos hecho mucho en sólo dos años y medio de trabajo” 

“Imponer una religión en la escuela podría ser inconstitucional”

 

Deja una respuesta

3 comments

  1. Supongo que ningún padre se hincha el pecho para decir que su hijo nació para barrendero, si es ateo seguro que no dirá que su hijo nació para cura, si es libertario dirá que su hijo no nació para militar, etc… sin desmerecer por ello a los barrenderos, a los curas, a los militares… y tampoco a las trabajadoras sexuales.

    Ninguna persona “nace para” satisfacer expectativas -y morales- ajenas. Por otra parte, ninguna persona tiene expectativas propias al nacer, por lo que la frase “nacer para puta” sólo puede referirse a expectativas que le son ajenas. A la postre, en un mundo en el que prima la explotación injusta -sobre todo de las mujeres- en TODO ámbito laboral, y en el que denigramos a unos y a otros a partir de nuestras escalas de valores y prejuicios, la mayoría de nosotros tenemos -cada vez más- la posibilidad de terminar siendo explotados, haciendo esas cosas que denigramos o que otros denigran. No obstante, la única forma de luchar contra la explotación, y yo no para erradicarla sino para mitigarla, es por medio de la legalización del trabajo.

    Por otra parte, el argumento de Argibay supone que ninguna mujer haría libre uso de su cuerpo para obtener rédito económico (y más de una esposa sonreiría con sorna), ni elegiría esta alternativa tan libremente como se pueda elegir cualquier otro trabajo. Cabe preguntarse qué tan difícil para una mujer que trabaja de sol a sol en una fábrica textil, comprometiendo otra partes de su cuerpo (desgastando su columna y su vista), sometida además a la doble jornada laboral de ser ama de casa y atender a sus hijos, puede ser el optar por sacarle al dueño de esa fábrica en unas horas lo mismo que le pagaría por trabajar varios días en ella, para disponer de más tiempo con que ganar más dinero de este modo o para dedicárselo a sus hijos, sólo por el valor sacrosanto que le damos a sus genitales y a la imposición de preservarlo condicionando el libre ejercicio de su sexualidad.

    El abolicionismo se enfoca en sostener una idea de dignidad de la mujer acorde a esos valores que les impusimos los varones (y no una nueva dignidad femenina con valores elegidos por y para las mujeres), pretendiendo que el trabajo sexual es el arquetipo de la explotación de las mujeres, insiste en afirmar que la prostitución es la peor de todas las formas de explotación, al punto en que las putas son víctimas, o ya tienen su psiquis “prostituida” y arruinada y carecen de libre albedrío si afirman que quieren ser putas (el tipo de proposiciones que la ciencia rechaza por no ser falseables). En definitiva, le dan una palmadita en la espalda y felicitan por su “entereza” a las que se elijen trabajar en una fábrica, convalidando su explotación como trivial en comparación con la otra alternativa. En vez de otorgar derechos a las putas y luchar -dejando que ellas luchen- desde esa base y con la ley como herramienta contra su explotación, obtienen un rédito moral proclamándose como defensoras “de víctimas” a expensas de la precarización del trabajo de las prostitutas -que dependen cada vez más de proxenetas-, y de la explotación resultante, convirtiéndose ellas mismas en proxenetas.

    1. Entonces reconocés que el #trabajo sexual” se basa en la explotación de la mujer por lo que decís “herramientas para que luchen contra la explotación”. Cómo se ve que sos pija, no te da vergüenza porque no te pones en los zapatos de esas mujeres ni por un segundo. Que te penetren 10 tipos por día, sin deseo por parte de la mujer que llega a escindirse, es decir, deshumanizarse para darle placer al cliente-varón-prostituyente a cambio de dinero, es decir por necesidad, por pobreza,no puede ser considerado trabajo por nadie… que no se crea el dueño del cuerpo ajeno… Y yo como feminista considero que cualquier trabajo alienante como el de una fabrica por ejemplo, con explotación es indigno y no debe existir.

  2. Aquí no caben las vacilaciones: el empleo del cuerpo de la mujer para el consumo y satisfacción ajena constituye una degradación incompatible con la dignidad humana.
    El consumidor de la mujer-objeto representa al depredador de la mujer-sujeto. Procura su empleo como mercancía que se adquiere para practicar, sin condicionamientos, un trato sexual que no logra consumar sin la entrega económica. ¿Cuántas pueden ser las mujeres que, ante verdaderas opciones laborales, eligieran este pacto indeterminado con extraños? ¿Provoca la prostitución el mismo desgaste emocional y físico que cualquier otro trabajo? ¿Cómo podría compatibilizarse el respeto a los derechos humanos con el trabajo sexual?